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🌙 ¿Sigues despierto?

Cada noche, un poco más cerca de Jesús.


📅 30 de agosto


❤️ Eres amado antes de hacer cualquier cosa


📖 Mateo 3:17

«Y hubo una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia».
Mateo 3:17


Ayer vimos cómo Jesús salió del Jordán después de ser bautizado, cómo se abrieron los cielos y cómo el Espíritu de Dios descendió sobre él en forma de paloma. Ahora llega el punto culminante de esta escena especial: desde el cielo se escucha la voz del Padre, quien presenta a Jesús como su Hijo amado y expresa su complacencia en él. Antes de que Jesús pronunciara su primer sermón público, sanara a un enfermo, llamara a un discípulo o realizara alguno de los milagros que posteriormente relatarían los Evangelios, el Padre pronunció estas palabras acerca de él.

Así concluye Mateo 3 con una maravillosa revelación acerca de la identidad de Jesús. Juan había anunciado al Mesías que vendría, Jesús había llegado al Jordán y había sido bautizado, el Espíritu Santo había descendido sobre él y ahora el propio Padre confirmaba la identidad de su Hijo. Desde ese momento ya no podía existir ninguna duda acerca de aquel a quien señalaba toda la preparación realizada por Juan: Jesús es el Hijo amado de Dios y el ministerio que ahora comienza cuenta con la plena aprobación del Padre.


👑 El Padre declara quién es realmente Jesús

Hasta ese momento, probablemente la mayoría de las personas conocía a Jesús únicamente como un hombre de Galilea. Había vivido muchos años en Nazaret sin presentarse públicamente como el Mesías. Pero ahora la confirmación decisiva no procede de los seres humanos, sino del cielo. Jesús no necesita demostrar por sí mismo su identidad ni necesita el reconocimiento humano para saber quién es. El propio Padre declara: «Este es mi Hijo amado».

Esta afirmación es importante para todo el Evangelio de Mateo, porque a partir de ahora veremos a Jesús en situaciones muy diferentes. Lo veremos hambriento en el desierto, tentado por Satanás, atacado por los dirigentes religiosos, incomprendido por las personas y, posteriormente, abandonado incluso por sus propios discípulos. Exteriormente habrá momentos en los que nada parecerá reflejar poder y gloria. Sin embargo, las palabras pronunciadas por el Padre junto al Jordán seguirán siendo verdaderas: Este Jesús es su Hijo amado.

Por eso, nuestra imagen de Jesús tampoco debería depender de lo que otras personas piensen acerca de él. Algunos lo consideran únicamente un maestro importante; otros, una figura religiosa del pasado o un modelo moral. Sin embargo, Mateo nos permite escuchar, ya al comienzo de su ministerio público, cómo lo presenta el propio Padre. Por tanto, quien desee conocer a Jesús deberá examinar seriamente sus afirmaciones y el testimonio que el Nuevo Testamento ofrece acerca de él.


❤️ «Mi Hijo amado»

En las palabras del Padre no escuchamos únicamente una afirmación acerca de la identidad de Jesús, sino también acerca de la relación entre el Padre y el Hijo. Jesús no es presentado de manera fría o distante, sino como el Hijo amado. Antes de que comience su ministerio público, esta relación ocupa el lugar central.

Esto resulta especialmente importante cuando pensamos en lo que sucederá inmediatamente después. Jesús será conducido al desierto y allí será tentado por el diablo. Una de las primeras tentaciones atacará precisamente su identidad: «Si eres Hijo de Dios…» Satanás intenta sembrar dudas exactamente allí donde el Padre acaba de establecer claridad. Pero Jesús no necesita demostrar su condición de Hijo mediante un milagro, porque sabe lo que el Padre ha dicho acerca de él.

Nosotros también experimentamos situaciones en las que las dudas atacan nuestra relación con Dios. Después de cometer un error pueden surgir pensamientos como este: «Ahora Dios ya no puede quererme». Durante un período difícil, quizá nos preguntemos: «Si Dios realmente me ama, ¿por qué permite esto?» Cuando otras personas nos rechazan o critican, su opinión puede comenzar repentinamente a determinar la manera en que pensamos acerca de nosotros mismos.

Precisamente entonces necesitamos una identidad que sea más profunda que nuestros sentimientos cambiantes y que los juicios de otras personas. Para quien pertenece a Jesús, su valor no depende de ser siempre exitoso, popular o irreprochable. Su valor reside en que Dios lo acepta en Cristo y lo invita a vivir en comunión con él.


🌱 El amor precede a los logros

El momento en el que el Padre pronuncia estas palabras resulta significativo. Jesús todavía no había comenzado su ministerio público. El Sermón del Monte, las sanaciones, la alimentación de miles de personas, la resurrección de los muertos y todos los demás acontecimientos que posteriormente atraerían a grandes multitudes todavía estaban por delante. Sin embargo, el Padre ya declara: «En él tengo complacencia».

En el caso de Jesús, esto no significa, por supuesto, que tuviera que ganarse primero el amor del Padre. Él es el Hijo eterno y vive en perfecta comunión con el Padre. No obstante, aquí encontramos una lección importante para nosotros: el amor de Dios no funciona de acuerdo con el sistema de méritos que conocemos en muchos ámbitos de nuestra vida.

Desde muy temprano nos acostumbramos a que nuestros logros sean evaluados. Los buenos resultados traen elogios, los errores provocan críticas y quienes alcanzan grandes metas reciben frecuentemente más reconocimiento. Podemos trasladar inconscientemente esta forma de pensar a nuestra relación con Dios. Después de un buen día, durante el cual hemos orado, leído la Biblia y tratado a los demás con amabilidad, quizá nos sintamos más cerca de Dios. En cambio, después de un mal día, en el que hemos sido impacientes o hemos vuelto a caer en un antiguo error, creemos que primero debemos hacer algunas cosas buenas antes de poder regresar a él.

El evangelio nos muestra un camino diferente. No cambiamos para que Dios finalmente esté dispuesto a amarnos. Podemos acudir a él porque ya nos ha mostrado su amor mediante Jesús. Precisamente este amor nos concede la seguridad y la fuerza necesarias para permitir que él nos transforme.


🪞 ¿Cuánto depende para ti de la opinión de los demás?

Quizá conozcas la sensación de que un solo comentario puede cambiar todo un día. Alguien te elogia y repentinamente te sientes más seguro. Alguien te critica y esa misma seguridad vuelve a desaparecer. La situación se vuelve especialmente difícil cuando comenzamos a hacer depender casi por completo nuestro valor de la manera en que los demás nos perciben.

En la actualidad, las redes sociales intensifican todavía más esta presión. En pocos minutos podemos ver cómo lucen otras personas, qué han conseguido, adónde viajan y cuánta atención reciben. Con frecuencia comparamos nuestra vida completa, sin filtros, con los momentos cuidadosamente seleccionados que los demás muestran de sí mismos. El resultado puede ser rápidamente la sensación de no ser lo suficientemente interesantes, exitosos, atractivos o felices.

Jesús no vivió buscando la aprobación de las personas. Esto no significa que las relaciones le resultaran indiferentes ni que las críticas jamás lo hirieran. Pero su identidad no estaba determinada por las reacciones de la gente. Antes de que las multitudes lo aclamaran y mucho antes de que algunas de esas mismas personas lo rechazaran, el Padre ya había hablado.

Tampoco tú necesitas fingir que la opinión de los demás te resulta completamente indiferente. Somos seres sociales y las relaciones son importantes. Sin embargo, ninguna voz humana debería ocupar el lugar que le pertenece a Dios. Las personas pueden juzgarte equivocadamente, ignorarte o tratarte injustamente sin que por ello cambie tu valor delante de Dios.


🤲 Puedes acudir a Dios con tus errores

Quizá te resulte fácil creer que Dios te ama mientras te comportas correctamente. La situación se vuelve más difícil después de un fracaso. Has dicho algo de lo que te arrepientes, una tentación ha vuelto a vencerte o has hecho conscientemente algo que sabías que estaba mal. Entonces la vergüenza puede hacer que te alejes precisamente de aquel a quien deberías acudir.

El amor de Dios no significa que el pecado le resulte indiferente. Precisamente porque nos ama desea liberarnos de aquello que nos destruye y perjudica nuestra relación con él y con otras personas. Sin embargo, su respuesta ante nuestra culpa no consiste en exigirnos que nos purifiquemos por nosotros mismos antes de poder regresar. Jesús vino precisamente porque necesitamos perdón.

Por eso, cuando hayas caído, puedes acudir sinceramente a tu querido Papá y confesarle tu error. No necesitas disimular nada ni inventar ninguna excusa. Al mismo tiempo, tampoco necesitas castigarte durante horas como si tu propia condenación pudiera hacer más eficaz el perdón de Dios. Puedes tomar en serio tu culpa, aceptar el perdón y pedirle a Jesús que te ayude a actuar de manera diferente la próxima vez.

Un niño que se ha caído necesita con especial urgencia la mano de su padre. Del mismo modo, después de una caída espiritual no deberías huir de Dios, sino buscar su cercanía.


🏆 No necesitas ganarte tu valor

El deseo de alcanzar metas no es fundamentalmente incorrecto. Es bueno estudiar con dedicación, trabajar responsablemente, desarrollar capacidades y perseguir objetivos. El problema comienza cuando nuestros logros deben decidir si tenemos derecho a sentirnos valiosos.

Quizá pienses: «Cuando apruebe este examen, entonces seré lo suficientemente bueno». Más adelante, la condición podría ser: «Cuando consiga este empleo, cuando gane suficiente dinero, cuando tenga una mejor apariencia o cuando los demás me admiren, entonces podré estar satisfecho». Sin embargo, tan pronto como alcanzamos una meta, frecuentemente aparece la siguiente. Quien obtiene su valor exclusivamente de sus logros debe demostrar constantemente que merece reconocimiento.

La relación con Dios ofrece un fundamento diferente. Puedes estudiar, trabajar y alcanzar objetivos, pero estas cosas ya no necesitan decidir quién eres. Tu valor no comienza con tu currículum ni termina con tus errores. Dios te ha creado, Cristo vino por personas como tú y te invita a una relación que no depende de tu lista de éxitos.

Precisamente esta seguridad puede concedernos una mayor libertad para dar lo mejor de nosotros mismos. Cuando un error ya no significa que todo nuestro valor se derrumba, podemos aprender de él. Cuando el éxito ya no tiene que salvar nuestra identidad, podemos recibirlo con gratitud sin colocarnos por encima de los demás.


👨‍👧 Tu querido Papá desea una relación, no una actuación perfecta

En estos devocionales nocturnos hablamos conscientemente en la oración de nuestro «querido Papá», porque Jesús nos acerca a Dios como Padre. Un buen padre no se interesa solamente por los resultados de su hijo, sino por el propio hijo. Desea saber qué lo preocupa, qué le produce miedo, qué le causa alegría y contra qué está luchando.

Sin embargo, en ocasiones tratamos a Dios casi como si fuera alguien ante quien debemos presentar cada noche un informe de rendimiento. Enumeramos lo que ha salido bien y mal, esperando que el balance final sea suficientemente positivo. Pero la oración puede ser mucho más personal. Puedes contarle a Dios que estás cansado, que alguien te ha herido, que tienes miedo ante una decisión o que tú mismo no comprendes por qué una determinada tentación continúa atrayéndote.

Dios ya conoce todas estas cosas, pero una relación crece allí donde dejamos de escondernos. Cuanto más sinceros seamos con él, más aprenderemos a comprender su gracia no solamente como un concepto teológico, sino como una realidad de nuestra propia vida.


👂 ¿Qué voz determina la imagen que tienes de ti mismo?

Cada día muchas voces hablan en nuestra vida. Algunas proceden de otras personas y otras de nuestros propios pensamientos. Quizá todavía llevas contigo frases que alguien dijo acerca de ti hace muchos años. Un comentario hiriente puede permanecer grabado durante un tiempo sorprendentemente largo y llegar a sonar como una verdad, aunque nunca haya sido el juicio de Dios acerca de ti.

Quizá escuches repetidamente en tu interior: «De todos modos, no eres capaz de hacerlo». Tal vez pienses después de cada error: «Es típico de mí; nunca consigo hacer nada correctamente». O quizá te compares con tanta frecuencia con otras personas que apenas puedas reconocer los dones que Dios te ha concedido.

No toda crítica es equivocada y debemos estar dispuestos a aprender de una corrección justificada. Sin embargo, existe una diferencia entre una corrección que nos ayuda a crecer y una voz que menosprecia a toda nuestra persona. Dios puede mostrarnos claramente aquello que está mal en nuestra vida sin convencernos de que somos inútiles y no tenemos esperanza.

El Espíritu Santo nos conduce al arrepentimiento y a Jesús. En cambio, una voz que solamente nos dice que ya no tenemos ninguna oportunidad y que sería mejor huir de Dios nos conduce en la dirección contraria. Por eso es importante conocer cada vez mejor la Palabra de Dios. Cuanto más familiarizados estemos con su verdad, más fácilmente podremos reconocer qué voces debemos tomar en serio y cuáles no.


🛡️ Las palabras del Padre preceden a la tentación

La secuencia de los acontecimientos al final de Mateo 3 y al comienzo de Mateo 4 resulta especialmente impactante. Primero Jesús escucha la confirmación del Padre y después se encuentra con el tentador. Satanás comienza su ataque con las palabras: «Si eres Hijo de Dios…» Ataca precisamente aquello que el Padre acaba de declarar.

También en nuestro caso, la tentación suele afectar a algo más que una única acción equivocada. Detrás de ella puede encontrarse la pregunta de en quién confiamos y de dónde obtenemos nuestra seguridad. Si creemos que debemos demostrar nuestro valor, podemos estar más dispuestos a hacer cosas equivocadas con tal de recibir reconocimiento. Si tememos no pertenecer a un grupo, podemos abandonar nuestras convicciones para que los demás nos acepten. Si dudamos de la bondad de Dios, un camino equivocado puede parecer repentinamente más atractivo porque creemos que debemos garantizar nuestra felicidad por nosotros mismos.

Por eso es importante no buscar la verdad de Dios solamente cuando la tentación ya se ha vuelto intensa. Jesús entró en el desierto llevando consigo las palabras del Padre. Nosotros también necesitamos la Palabra de Dios como fundamento antes de que llegue la presión.

Cuando sabes que tu valor delante de Dios no depende de la aprobación de los demás, puedes decir «no» con mayor facilidad cuando alguien te exige actuar en contra de tus convicciones. Cuando sabes que Dios te llama al arrepentimiento después de un error y no te rechaza, no necesitas ocultar tu culpa. La verdad nos concede un fundamento sobre el cual podemos permanecer firmes incluso cuando nuestros sentimientos y circunstancias cambian.


🌿 La complacencia de Dios no conduce a la indiferencia

Cuando escuchamos que no necesitamos ganarnos el amor de Dios, podríamos llegar equivocadamente a la conclusión de que ya no importa cómo vivimos. Sin embargo, el Nuevo Testamento llega precisamente a la conclusión contraria. Quien reconoce el amor de Dios recibe una nueva razón para obedecer. Ya no intentamos desesperadamente ganarnos su aceptación, sino que deseamos agradar a aquel que nos amó primero.

Un niño que obedece únicamente por temor al castigo vive la relación de una manera diferente de aquel que confía en su padre y sabe que sus reglas fueron establecidas por amor. Nuestra vida con Dios también debe estar cada vez más marcada por la confianza. Sus mandamientos no son obstáculos destinados a alejarnos de una vida feliz, sino que nos muestran un camino que protege las relaciones, preserva la verdad y nos advierte acerca de aquello que puede destruirnos.

Por eso, la gracia y la transformación permanecen unidas. El amor de Dios no dice: «Permanece sencillamente para siempre tal como eres». Más bien, dice: «Ven a mí tal como eres y permite que te transforme». Podemos crecer pacientemente, porque Dios conoce nuestras debilidades y no trabaja según un calendario apresurado. Al mismo tiempo, debemos permanecer abiertos a aquello que desea corregir en nuestra vida.


🤍 Puedes ser amado aunque no seas el mejor

Las comparaciones comienzan en ocasiones a una edad temprana. ¿Quién obtiene mejores resultados en la escuela? ¿Quién es más hábil en los deportes, más musical, popular o exitoso? Posteriormente quizá cambien las categorías, pero el problema fundamental continúa siendo parecido. Colocamos a las personas en clasificaciones invisibles e intentamos descubrir qué lugar ocupamos nosotros mismos.

En la familia de Dios no necesitas estas clasificaciones. No debes ser mejor que otra persona para que Dios te vea. Los dones de alguien más no te quitan nada de aquello que Dios te ha dado. Si otra persona puede hacer algo mejor que tú, eso no significa que tu vida haya perdido valor.

Esto también puede transformar nuestras relaciones. Quien no necesita defender constantemente su propio valor puede alegrarse más sinceramente por el éxito de los demás. No tenemos que considerar cada elogio que recibe otra persona como una pérdida para nosotros. Podemos aprender a utilizar agradecidamente nuestras propias capacidades y, al mismo tiempo, reconocer que Dios ha creado a las personas de manera diferente.

Por eso, una buena práctica para mañana podría consistir en animar conscientemente a una persona por algo bueno, sin compararte posteriormente con ella. De esta manera, el amor de Dios puede liberarnos de la competencia constante y ayudarnos a no contemplar a los demás como rivales, sino como personas que también son objeto de su amor.


🌅 Mañana puedes vivir con una seguridad diferente

Probablemente mañana volverás a tener tareas, te encontrarás con diversas expectativas y quizá también cometerás errores. Las personas reaccionarán de maneras diferentes ante ti. Algunas serán amables y otras quizá se mostrarán impacientes o injustas. Algo puede salir bien y otra cosa desarrollarse de una manera completamente distinta de la que habías planificado.

Nada de esto necesita decidir si tu día fue valioso o si tú mismo eres valioso. Puedes realizar tus tareas cuidadosamente y aprender de tus errores sin convertir cada experiencia en un juicio acerca de toda tu persona. Precisamente en esto puede volverse muy práctico el mensaje pronunciado junto al Jordán.

Cuando algo salga bien, puedes mostrarte agradecido sin fundamentar en ello tu valor. Cuando algo fracase, puedes aprender sin menospreciarte. Cuando alguien te elogie, puedes alegrarte sin depender de su aprobación. Cuando alguien te critique, puedes examinar si existe algo verdadero en sus palabras sin convertir automáticamente esa crítica en la nueva imagen que tienes de ti mismo.

Tu seguridad más profunda no reside en un día perfecto, sino en el Dios que te llama hacia sí por medio de Jesús.


🌙 Antes de dormir esta noche

Quizá hoy hayas tenido un buen día y te dispongas a dormir satisfecho. Pero también podría haber sucedido algo que desearías poder deshacer. Tal vez te hayas disgustado por alguna de tus propias reacciones, te sientas ignorado por alguien o hayas vuelto a pensar demasiado en lo que otras personas opinan acerca de ti.

Esta noche no necesitas calcular tu valor a partir del balance de este día. Si algo estuvo mal, puedes confesárselo sinceramente a tu querido Papá y aceptar su perdón. Si algo salió bien, puedes darle gracias. Si la opinión de una persona te ha herido, también puedes llevar esa herida ante Dios y pedirle que te ayude a interpretarla correctamente.

Junto al Jordán, el Padre pronunció palabras de amor y confirmación acerca de Jesús antes de que comenzara el difícil camino de su ministerio público. Para ti, esto contiene una invitación a no construir tu vida sobre voces, éxitos o fracasos cambiantes, sino a encontrar cada vez más profundamente tu identidad en la relación con Dios que Jesús ha hecho posible para nosotros.

Esta noche ya no necesitas demostrarle nada a nadie. Puedes colocar tu día en las manos de Dios, descansar y comenzar mañana nuevamente con Jesús.


💭 Reflexiona

¿Qué opinión está influyendo actualmente de manera especial en la imagen que tienes de ti mismo? ¿Estás concediendo quizá a esa voz más importancia de la que merece? Pregúntate también si en ocasiones haces depender el amor de Dios de tus propios logros y si existe algún error a causa del cual te estás alejando de él, aunque precisamente deberías acudir a Dios con ese error.


🌟 Impulso para mañana

Cuando mañana notes que te estás comparando con alguien o que deseas desesperadamente recibir reconocimiento, recuerda conscientemente que tu valor no se decide mediante esa comparación. Cuéntale brevemente a tu querido Papá lo que está sucediendo en tu interior y pídele que te conceda una perspectiva saludable acerca de ti mismo y de la otra persona. Después, intenta realizar bien tu tarea sin convertirla en una demostración de tu valor personal. Si surge una oportunidad, anima sinceramente a otra persona por algo bueno que hayas observado en ella y aprende a alegrarte por sus dones sin considerar inferiores los tuyos.


🙏 Oración

Querido Papá:

Gracias por las palabras que pronunciaste acerca de Jesús junto al Jordán. Gracias porque él es tu Hijo amado y porque, por medio de él, has abierto el camino por el que yo también puedo acudir a ti. Deseo conocer cada vez mejor a Jesús y no buscar mi seguridad en aquello que otras personas piensen acerca de mí.

Tú sabes con cuánta facilidad me comparo y cuánto pueden influir a veces en mi estado de ánimo los elogios o las críticas. Ayúdame a valorar correctamente la opinión de los demás, a aprender de las correcciones justificadas y, al mismo tiempo, a no hacer depender mi valor del reconocimiento humano.

Gracias porque también puedo acudir a ti con mis errores. Cuando haya pecado, ayúdame a no ocultar ni justificar mi culpa, sino a confesarla sinceramente y aceptar tu perdón. Transfórmame allí donde sea necesario, pero guárdame de creer que primero debo ganarme tu amor mediante una vida mejor.

Permite que mañana realice mis tareas cuidadosamente sin tener que demostrar algo continuamente. Ayúdame a alegrarme por los dones de otras personas y a utilizar con gratitud aquello que tú me has concedido. Cuando surjan dudas, recuérdame que mi seguridad más profunda no reside en mis logros, mis sentimientos ni el reconocimiento de los demás, sino en Jesús y en el amor que has manifestado por medio de él.

Amén.


🌙 Duerme bien. Esta noche no necesitas demostrarle nada a tu querido Papá. Coloca tus éxitos, tus errores y las voces de otras personas en sus manos y descansa con la seguridad de que Jesús ha abierto para ti el camino hacia un Padre que te conoce y te llama hacia sí. Hasta mañana.