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🌙 ¿Sigues despierto?

Cada noche, un poco más cerca de Jesús.


📅 5 de septiembre


🛡️ Confiar en Dios sin ponerlo a prueba


📖 Mateo 4:7

«Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios».
Mateo 4:7


Ayer vimos cómo el tentador colocó a Jesús sobre el pináculo del templo y lo desafió a arrojarse al vacío. Satanás utilizó incluso palabras del Salmo 91 e intentó convertir una promesa verdadera de Dios en la justificación de una acción equivocada. Jesús debía obligar a su Padre a intervenir mediante un milagro y demostrar públicamente que era realmente el Hijo de Dios. Su respuesta muestra cómo se relaciona la fe verdadera con las promesas divinas: «No tentarás al Señor tu Dios».

Jesús respondió nuevamente con las Escrituras, esta vez con unas palabras de Deuteronomio 6. No enfrentó un versículo bíblico con otro, sino que mostró que la Palabra de Dios debe comprenderse como un todo. El Salmo 91 prometía la protección divina, pero esa promesa no concedía a nadie el derecho de ponerse deliberadamente en peligro y exigir después un milagro. La fe verdadera confía en que Dios es fiel; no provoca artificialmente una crisis para obligarlo a demostrar su fidelidad.


📖 «Escrito está también»

Estas pocas palabras de Jesús son especialmente importantes para nuestra relación con la Biblia. Satanás había citado realmente las Escrituras, pero Jesús no se dejó engañar. No solamente conocía versículos aislados, sino que comprendía el mensaje más amplio de la Palabra de Dios. Por eso pudo reconocer que el Salmo 91 nunca tuvo el propósito de justificar la imprudencia.

También hoy un versículo aislado puede parecer muy convincente. En ocasiones, una afirmación es separada de su contexto y aplicada de tal manera que termina significando casi lo contrario de lo que enseña el pasaje completo. Por eso es importante que no nos limitemos a preguntar: «¿Aparece esta frase en la Biblia?», sino también: «¿Qué significa dentro de su contexto y cómo concuerda esta interpretación con las demás afirmaciones de las Escrituras?»

Si deseas tomar una decisión y encuentras un versículo que parece confirmar exactamente tu opinión, no deberías dejar de examinar el asunto inmediatamente. Lee lo que aparece antes y después, compáralo con otras declaraciones claras del Nuevo Testamento y pregúntate sinceramente si buscas la voluntad de Dios o solamente una confirmación bíblica de tu propio deseo.

Jesús nos muestra que el conocimiento bíblico no consiste en poder citar la mayor cantidad posible de frases aisladas. Se trata de conocer tan bien la Palabra de Dios que comprendamos su sentido y podamos reconocer las aplicaciones equivocadas.


🛡️ Confiar y poner a prueba no son lo mismo

A primera vista, saltar desde el templo podría haber parecido una gran demostración de fe. Jesús podría haber dicho: «Confío tanto en mi Padre que sencillamente saltaré». Sin embargo, eso no habría sido verdadera fe, sino el intento de colocar a Dios en una situación en la que, según las expectativas humanas, tendría que intervenir.

La fe verdadera no comienza imponiéndole condiciones a Dios, sino confiando en su carácter y en su Palabra. Cuando Dios ha prometido algo claramente, podemos apoyarnos en ello. Sin embargo, no debemos extraer de sus promesas derechos que él mismo nunca nos concedió.

Esto establece una gran diferencia. La confianza dice: «Papá, no sé cómo terminará esta situación, pero quiero permanecer contigo». Poner a Dios a prueba significaría, en cambio: «Si realmente estás conmigo, ahora debes hacer exactamente lo que espero».

En el primer caso dejamos la dirección en manos de Dios. En el segundo intentamos establecer personalmente las condiciones bajo las cuales estamos dispuestos a confiar en él.


🏜️ Jesús recuerda una antigua lección del desierto

Con su respuesta, Jesús señaló una experiencia vivida por Israel en el desierto. En Deuteronomio 6, Moisés recordó al pueblo que no debía tentar a Dios como había sucedido en Masah. En aquella ocasión, Israel preguntó durante una situación difícil si el Señor estaba realmente entre ellos. Aunque Dios ya había guiado y sustentado al pueblo, los israelitas exigieron una nueva intervención visible que demostrara su presencia.

Satanás quiso provocar ahora esa misma actitud en Jesús. El Padre acababa de declarar públicamente junto al Jordán: «Este es mi Hijo amado». Sin embargo, Jesús debía actuar como si esas palabras todavía no fueran suficientes y exigir una prueba adicional.

Jesús se negó. La palabra de su Padre era suficiente.

Nosotros también podemos olvidar lo que Dios ya nos ha mostrado en cuanto aparece una nueva dificultad. Ayer todavía agradecíamos su dirección y hoy, debido a un problema, preguntamos: «¿Continúas estando ahí?» Una expectativa frustrada puede llevarnos de pronto a cuestionar todo lo que habíamos aprendido acerca de la fidelidad de Dios.

Dios no nos prohíbe hacer preguntas. Los Salmos y también el Nuevo Testamento nos muestran personas que expresaron su necesidad con gran sinceridad ante él. Sin embargo, formular preguntas sinceras es diferente de exigir que Dios se demuestre según nuestras condiciones.


❤️ Puedes tener preguntas sin imponerle condiciones a Dios

Quizá haya algo que no comprendas en este momento. Una oración no recibió la respuesta que esperabas o una situación está durando más de lo previsto. Tal vez incluso hayas orado sinceramente para recibir la dirección de Dios y todavía no estés seguro de qué camino debes seguir.

Puedes hablarle a tu querido Papá acerca de esta incertidumbre. La fe no significa reprimir las preguntas difíciles ni fingir que todo resulta fácil de comprender. Más tarde, el propio Jesús oró en Getsemaní bajo una enorme carga interior. La Biblia no nos presenta a un Dios ante quien tengamos que ocultar nuestros sentimientos.

Sin embargo, existe una diferencia importante entre una pregunta sincera y una condición. Puedes orar: «Papá, no comprendo por qué está sucediendo esto. Ayúdame a confiar en ti a pesar de todo». Algo muy diferente sería decir: «Si verdaderamente me amas, debes resolver este problema antes de mañana».

En la primera oración buscas la cercanía de Dios en medio de tu incertidumbre. En la segunda intentas medir su amor mediante una condición establecida por ti.

Puedes tener preguntas, sentir decepción e incluso decir que en este momento no comprendes la manera de actuar de Dios. Sin embargo, no tienes que poner a prueba su amor cada día.


🧪 «Si Dios realmente…»

Quizá conozcas pensamientos que comienzan precisamente con estas palabras: «Si Dios realmente…» Si Dios realmente me ama, debería concederme esta relación. Si verdaderamente escucha mi oración, tendría que darme una señal ahora. Si realmente me guía, esta decisión no debería resultar tan difícil. Si Dios está verdaderamente conmigo, debería sentirme más fuerte.

Estos pensamientos pueden resultar muy convincentes porque suelen relacionarse con deseos y preguntas reales. Sin embargo, contienen un peligro: Primero definimos personalmente cómo deben manifestarse el amor o la dirección de Dios y después lo juzgamos según cumpla o no nuestra definición.

Jesús podría haber hecho lo mismo. Podría haber dicho: «Si el Padre realmente me ama, me sostendrá». Sin embargo, ya sabía que el Padre lo amaba y, por eso, no necesitaba inventar una prueba.

Tú tampoco necesitas verificar el amor de Dios mediante un experimento elegido por ti. La prueba más clara de su amor no consiste en que todos tus deseos se cumplan, sino que se encuentra en Jesús mismo. El Nuevo Testamento nos conduce una y otra vez a Cristo cuando deseamos saber cuán sincero es el amor de Dios hacia nosotros.


✝️ Jesús es la mayor demostración del amor de Dios

En ocasiones buscamos pequeñas señales mientras Dios ya nos ha concedido algo mucho mayor en Jesús. Tal vez deseemos contemplar un acontecimiento determinado como prueba de su amor, pero el evangelio nos muestra al Hijo de Dios, quien vino a los seres humanos, los sirvió y finalmente entregó su vida por ellos.

Esto no significa que Dios no responda oraciones personales ni nos conceda experiencias especiales. Él lo hace. Sin embargo, nuestra fe no debe depender completamente de ellas. Las experiencias cambian, los sentimientos varían y algunas oraciones reciben una respuesta diferente de la que esperábamos. Jesús permanece siempre igual.

Por eso, si mañana tienes un día difícil, el amor de Dios no habrá disminuido. Si una oración continúa sin respuesta, la cruz no habrá perdido su validez. Si no sientes intensamente su presencia, Jesús no será menos Salvador tuyo.

Nuestra seguridad necesita un fundamento más profundo que nuestras experiencias cambiantes. Ese fundamento es Cristo.


🚦 La protección de Dios no sustituye tu responsabilidad

La respuesta de Jesús en el templo también se relaciona con nuestra manera de afrontar los riesgos. Quien confía en Dios no tiene que actuar deliberadamente de manera insensata. La protección divina no es un seguro para decisiones en las que ignoramos conscientemente la sabiduría y la responsabilidad.

Esto se aplica a nuestro cuerpo, nuestras relaciones, nuestra administración del dinero y también a las tentaciones. Si sabes que una situación determinada te causa problemas repetidamente, no debes entrar deliberadamente en ella y orar después para que Dios te proteja. Quizá su respuesta consista precisamente en darte previamente la sabiduría necesaria para evitar esa situación.

Lo mismo se aplica a las decisiones cuyas consecuencias pueden preverse. La oración no sustituye el estudio antes de un examen, la conducción responsable, la administración prudente del dinero ni las conversaciones necesarias en una relación. Podemos pedirle ayuda a Dios y, al mismo tiempo, hacer aquello que se encuentra bajo nuestra responsabilidad.

Por eso, confiar no significa permanecer pasivos. La confianza une nuestra dependencia de Dios con una conducta responsable.


🙏 La oración no es un método para controlar a Dios

La oración es una de las formas más hermosas de hablar con nuestro querido Papá. Podemos presentarle peticiones concretas e incluso decirle con mucha precisión lo que deseamos. Jesús mismo enseñó a sus discípulos a pedir, y el Nuevo Testamento nos anima a presentar nuestras necesidades ante Dios.

Sin embargo, la oración no es una técnica con la que podamos obligar a Dios a ejecutar nuestro plan. En ocasiones surge inconscientemente la idea de que solamente necesitamos orar durante suficiente tiempo, con suficiente intensidad o con suficiente fe para que Dios tenga que hacer exactamente aquello que le pedimos.

Jesús muestra una confianza diferente. Sabe que el Padre es bueno sin intentar controlarlo. Más adelante, en Getsemaní, expresará incluso un deseo muy concreto y, al mismo tiempo, pedirá que se cumpla la voluntad del Padre.

Nosotros también podemos orar así. Puedes decir: «Papá, deseo de verdad que este asunto termine de esta manera». Y puedes añadir: «Pero también confío en ti si tú consideras mejor otro camino».

Esta no es una forma débil de oración, sino una forma profunda de confianza.


🧭 La dirección divina es más que una señal

Cuando nos encontramos ante una decisión importante, a veces deseamos recibir una señal inequívoca. Tal vez le pidamos a Dios que suceda un acontecimiento determinado, que alguien pronuncie cierta frase o que una puerta se abra de una manera específica. Así quisiéramos obtener la seguridad de no tener que evaluar nada más.

Sin embargo, la dirección de Dios suele manifestarse de una manera menos espectacular. Él nos ha dado su Palabra, una mente para pensar, la oración y la posibilidad de buscar el consejo de personas sabias. A veces también nos guía mediante las circunstancias, pero estas deben ser examinadas.

Una puerta abierta no representa automáticamente la voluntad de Dios, y una dificultad tampoco significa necesariamente que estemos en el camino equivocado. El propio Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, aunque aquel camino era difícil.

Por eso, cuando te encuentres ante una decisión, no tienes que buscar constantemente señales extraordinarias. Examina si esa decisión concuerda con la Palabra de Dios. Pide sabiduría en oración, piensa en sus posibles consecuencias y, si es necesario, conversa con un cristiano maduro en quien confíes. Cuando después tengas que actuar, puedes tomar una decisión responsable sin poseer un conocimiento absoluto del futuro.

La fe no significa que desaparezca toda incertidumbre, sino que confiamos en Dios incluso dentro de los límites de nuestro conocimiento.


📱 A menudo deseamos una confirmación inmediata

Estamos acostumbrados a recibir respuestas rápidas. Un mensaje es leído, una publicación recibe reacciones y una búsqueda ofrece resultados en pocos segundos. Por eso, puede resultar más difícil afrontar situaciones en las que no llega una respuesta inmediata.

Quizá incluso traslademos esta expectativa a Dios. Oramos y pocas horas después ya estamos comprobando interiormente si algo ha sucedido. Cuando no observamos ningún cambio visible, comenzamos a dudar.

Sin embargo, las relaciones no funcionan como los motores de búsqueda. La confianza también se desarrolla durante los periodos en los que no sabemos inmediatamente cómo terminará algo. Precisamente allí nuestra fe puede hacerse más profunda, porque aprendemos a no depender solamente de resultados inmediatos.

Esto no significa que esperar sea agradable. Algunas preguntas sin respuesta pueden resultar muy dolorosas. Sin embargo, puedes aprender a vivir con una pregunta abierta sin convertirla inmediatamente en una duda acerca del carácter de Dios.

Tal vez hoy no sepas por qué sucede algo. Aun así, puedes saber a quién confiarle tu incertidumbre.


🪞 ¿Qué sucedería si Dios dijera que no?

En ocasiones puede ser útil preguntarnos: «¿Qué sucedería con mi confianza en Dios si su respuesta a mi deseo fuera negativa?» Esta pregunta puede mostrar si buscamos a Dios mismo o principalmente aquello que deseamos recibir de él.

Naturalmente, una respuesta negativa puede doler. Cuando algo es verdaderamente importante para ti, no necesitas fingir que la respuesta de Dios te resulta indiferente. Jesús mismo mostró en Getsemaní que someterse a la voluntad del Padre puede incluir intensas luchas interiores.

Sin embargo, cuando toda nuestra relación con Dios depende de que cumpla nuestros deseos, la confianza puede convertirse fácilmente en una negociación: Yo creo, oro y obedezco, y a cambio Dios debe darme lo que quiero.

El evangelio nos invita a algo más profundo. Podemos amar a Dios porque él es Dios y porque hemos conocido su carácter en Jesús. Sus dones son buenos, pero quien los concede es mayor que cualquiera de ellos.

Quizá tengas un deseo acerca del cual puedas decir esta noche: «Papá, sabes cuán importante es esto para mí. Te lo pido, pero no quiero que mi relación contigo dependa de que tu respuesta sea exactamente como yo espero».


🌱 La confianza crece mediante el recuerdo

Cuando surge una nueva dificultad, olvidamos fácilmente cómo Dios ya nos ha guiado. Por eso, puede ser útil recordar conscientemente. Tal vez haya una oración que recibió respuesta, un texto bíblico que te ayudó precisamente en el momento adecuado, una persona a quien Dios utilizó o una etapa difícil durante la cual te sostuvo.

Estos recuerdos no demuestran que toda situación futura se desarrollará de la misma manera. Sin embargo, pueden recordarnos que nuestro temor actual no cuenta toda la historia.

Inmediatamente antes de ir al desierto, Jesús había escuchado la voz del Padre. Cuando el tentador cuestionó su condición de Hijo, Jesús no necesitó una nueva prueba. La palabra del Padre continuaba siendo verdadera.

Nosotros también podemos aprender a no comenzar desde cero ante cada nueva dificultad. La fidelidad de Dios en el pasado no nos concede el derecho de determinar cómo deberá actuar mañana, pero sí nos ofrece una razón para continuar confiando en él.


🤍 Puedes confiar en Dios aunque no lo comprendas

La confianza no significa que todas las preguntas hayan sido respondidas. Si pudiéramos comprender completamente a Dios, él no sería mayor que nuestra propia mente. En el Nuevo Testamento encontramos repetidamente personas que no comprendieron de inmediato a Jesús. Incluso sus discípulos tuvieron que aprender que el camino de Dios podía ser completamente diferente de lo que ellos esperaban.

Probablemente tú también experimentarás situaciones para las que no encontrarás una explicación rápida. Algunas preguntas se resolverán más adelante, mientras que otras permanecerán abiertas durante mucho tiempo. En esos periodos puedes mantener simultáneamente estas dos convicciones: «No lo comprendo» y «A pesar de todo, quiero confiar en Dios».

Estas afirmaciones no se contradicen. Precisamente allí comienza la confianza a adquirir su verdadero significado. Cuando ya podemos verlo y comprenderlo todo, apenas necesitamos confiar.

Tu querido Papá no te exige que presentes cada dificultad como si fuera agradable. Te invita a acudir a él con tus preguntas y permanecer a su lado mientras todavía no tienes una respuesta completa.


🌙 Antes de dormir esta noche

Quizá haya en este momento un asunto para el cual deseas intensamente una respuesta determinada de Dios. Tal vez lleves mucho tiempo esperando y adviertas que tu paciencia se está agotando. Esta noche no tienes que restar importancia a ese deseo. Dile sinceramente a tu querido Papá lo que deseas y por qué es tan importante para ti.

Pregúntate después si inconscientemente has convertido tu deseo en una condición: «Si Dios me ama, tiene que…» o «Si Dios me guía, entonces debe…» Si descubres una condición semejante, también puedes hablarle acerca de ella.

Jesús no necesitó en el templo una prueba adicional del amor de su Padre. Confió en la palabra que ya había sido pronunciada. Tú también puedes aprender a no hacer depender tu relación con Dios de una nueva señal.

Quizá tu oración reciba respuesta mañana. Tal vez tengas que continuar esperando o Dios te guíe de una manera diferente de la que habías imaginado. En cualquier caso, puedes permanecer con Jesús y saber que el carácter de Dios no necesita ser demostrado nuevamente cada mañana.


💭 Reflexiona

¿Hay actualmente una oración o un deseo respecto al cual haces depender inconscientemente el amor o la fidelidad de Dios de que actúe exactamente como esperas? Considera también si, al afrontar decisiones importantes, tiendes a buscar señales espectaculares o estás dispuesto a considerar conjuntamente la Palabra de Dios, la oración, una reflexión sensata y un buen consejo, confiando en él aunque no desaparezca toda incertidumbre.


🌟 Propuesta para mañana

Si mañana una pregunta sin respuesta te inquieta, no intentes exigir inmediatamente una nueva señal. Recuerda, en cambio, algo que ya sabes con certeza acerca de Dios por medio del Nuevo Testamento y preséntale tu incertidumbre concreta en oración. Dile sinceramente a tu querido Papá qué respuesta deseas, pero deja conscientemente en sus manos la manera y el momento de actuar. Si debes tomar una decisión práctica, examina también qué se encuentra bajo tu responsabilidad y no actúes con imprudencia bajo el pretexto de que Dios intervendrá.


🙏 Oración

Querido Papá:

Gracias porque Jesús confió en ti cuando estuvo sobre el templo y no exigió una prueba adicional de tu amor. Gracias porque no permitió que lo indujeran a utilizar tus promesas para realizar una prueba elegida por él mismo.

Tú conoces mis preguntas sin respuesta y los asuntos por los que llevo mucho tiempo esperando. Sabes qué respuestas deseo y cuánto me cuesta en ocasiones aceptar que tu dirección sea diferente de lo que esperaba. Ayúdame a expresarte sinceramente estos deseos sin convertirlos en condiciones para confiar en ti.

Perdóname cuando he pensado que debías hacer algo determinado para que pudiera creer que me amas o que estás conmigo. Ayúdame a encontrar cada vez más mi seguridad en Jesús y en tu Palabra.

Concédeme sabiduría para relacionarme con tus promesas. Guárdame de utilizar versículos bíblicos aislados solamente para confirmar mis propias ideas. Ayúdame a comprender tu Palabra dentro de su contexto y a estar dispuesto a aceptar su corrección.

Ayúdame también a asumir mi responsabilidad. No quiero actuar con imprudencia y esperar después que tú impidas todas las consecuencias. Muéstrame lo que puedo y debo hacer, y concédeme al mismo tiempo confianza para todo aquello que se encuentra fuera de mi control.

Si mañana no recibo una respuesta rápida, ayúdame a esperar. Cuando sienta incertidumbre, guíame mediante tu Palabra y tu Espíritu. Si mis planes se desarrollan de otra manera, recuérdame que tu amor no ha disminuido.

Quiero aprender a confiar en ti no solamente cuando comprenda tus caminos, sino también a permanecer con Jesús cuando todavía existan preguntas sin respuesta.

Amén.


🌙 Duerme bien. Tu querido Papá no necesita superar una prueba inventada por ti para ser fiel. Puedes confiarle tus preguntas, deseos e incertidumbres, actuar responsablemente y descansar en la seguridad de que su amor ya se ha manifestado claramente en Jesús. Hasta mañana.