🌍 CUANDO EL MUNDO SE ACERCA A SU FIN
🕯️ Esperanza, vigilancia y fidelidad en Mateo 24–25
🏛️ Parte I – Cuando las seguridades se derrumban
❓ Predicación 2: Dinos, ¿cuándo sucederán estas cosas?
🧭 Jerusalén, el fin del mundo y la doble perspectiva de la profecía
📜 Texto principal
«Estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo?»
Mateo 24,3
🔦 Versículo guía
«Porque no hará nada el Señor Dios sin revelar su secreto a sus siervos los profetas.»
Amós 3,7
🧭 Pensamiento central de la predicación
Jesús no responde a la pregunta de sus discípulos acerca del «cuándo» con una fecha ni con una tabla cronológica profética completa. Él relaciona la inminente destrucción de Jerusalén con acontecimientos que se extienden hasta la culminación de la historia del mundo y su segunda venida. De este modo muestra que la profecía no fue dada para que los seres humanos dominaran el futuro, sino para que el pueblo de Dios fuera advertido a tiempo, aprendiera a discernir espiritualmente, permaneciera firme en la fe y pusiera su esperanza de manera decidida en Cristo.
🌅 Saludo e introducción
Querida iglesia,
después de que Jesús anunciara que del templo no quedaría piedra sobre piedra, los discípulos no podían simplemente olvidar aquellas palabras. Para ellos, el templo era mucho más que un edificio impresionante. Se encontraba en el centro de su vida religiosa, estaba profundamente vinculado con la historia de Israel y representaba para muchos la seguridad visible de que Dios no abandonaría a su pueblo. Si aquel santuario realmente debía ser destruido, según su comprensión tenía que estar a punto de suceder algo de enorme importancia. Por eso esperaron hasta estar a solas con Jesús y, en el monte de los Olivos, le hicieron aquella pregunta que abre todo el discurso profético que sigue: «Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo?»
Esta pregunta es profundamente humana. En cuanto somos conscientes de que se avecinan grandes cambios, queremos saber cuándo ocurrirán, cómo comenzarán y por qué señales podremos reconocer que se acerca un momento decisivo. También hoy los temas proféticos suelen relacionarse en primer lugar con la pregunta de cuándo sucederán determinados acontecimientos. Jesús no rechaza simplemente este interés. Explica ampliamente a sus discípulos lo que les espera, pero responde a su pregunta de una manera que desafía su fe mucho más que una simple fecha. Les da suficiente orientación para que estén preparados y, al mismo tiempo, deja suficientes cosas abiertas para que su seguridad no descanse en cálculos, sino en su persona y en su palabra.
Precisamente aquí se encuentra una clave para comprender Mateo 24. Jesús no quiere formar ni observadores ávidos de sensaciones ni calculadores dominados por el temor. Quiere formar personas que comprendan las señales sin dejarse dominar por ellas, que tomen en serio los desarrollos proféticos sin caer en especulaciones y que contemplen el curso de la historia a la luz del regreso de Cristo. La profecía no debe alimentar nuestra curiosidad, sino profundizar nuestra fe.
📜 Ilustración narrativa: Dos montañas a la luz del atardecer
La siguiente historia es una ilustración narrativa destinada a ayudar a comprender la doble perspectiva profética de Mateo 24.
Un padre caminaba con su hijo por un amplio valle. Era ya avanzada la tarde y el sol estaba bajo sobre las montañas. Ante ellos se elevaban dos imponentes cadenas montañosas. La primera parecía oscura y escarpada, mientras que la segunda, más lejana, se encontraba bañada por la cálida luz del atardecer. Desde el lugar donde estaban, ambas parecían encontrarse casi inmediatamente una detrás de la otra.
El muchacho se detuvo y contempló las cumbres. Finalmente preguntó a su padre si las dos montañas estaban una junto a la otra. El padre le explicó que desde allí abajo realmente parecía así, pero que entre ellas había un gran valle que apenas podía distinguirse desde aquella perspectiva. El muchacho se sorprendió porque la distancia le había parecido mucho menor de lo que realmente era.
Al día siguiente subieron más alto. Cuando llegaron a un mirador, la imagen cambió. Ahora el muchacho podía ver claramente que entre las dos cadenas montañosas se extendía una vasta región. Ríos atravesaban el valle, pequeños pueblos se encontraban entre campos y bosques, y solamente a gran distancia se elevaba la segunda cadena montañosa.
El muchacho recordó la impresión del día anterior y dijo que había creído que ambas montañas casi formaban parte de un mismo conjunto. Su padre le explicó que los paisajes lejanos a menudo parecen así. Desde un determinado punto de observación, dos cumbres muy alejadas entre sí pueden parecer una sola línea. Solo cuando uno se acerca o cambia de perspectiva reconoce la distancia que las separa.
Después de un tiempo, el muchacho preguntó si la profecía a veces funcionaba de una manera semejante. Tal vez, reflexionó, un profeta ve delante de sí varios acontecimientos relacionados entre sí en cuanto a su significado, aunque entre ellos puedan transcurrir muchos años o incluso siglos. El padre confirmó este pensamiento y explicó que en la Biblia un acontecimiento histórico cercano puede señalar al mismo tiempo hacia otro posterior y de mayor alcance.
Muchos años después, el hijo recordó aquella caminata cuando leyó Mateo 24. Los discípulos estaban con Jesús en el monte de los Olivos y miraban hacia Jerusalén. En su imaginación, la destrucción del templo, el regreso de Jesús y la culminación de la historia del mundo estaban muy cerca unos de otros. Jesús respondió a su pregunta de tal manera que el horizonte cercano de Jerusalén y el horizonte lejano del fin del mundo permanecieran relacionados, sin que ambos acontecimientos fueran simplemente lo mismo.
Esta imagen nos ayuda a comprender por qué Mateo 24 debe leerse cuidadosamente. Quien aplica todas las declaraciones solamente a Jerusalén reduce el alcance de la profecía. Quien lo aplica todo exclusivamente a la última generación pasa por alto el significado histórico concreto para los primeros discípulos. Jesús une ambos horizontes y muestra así una perspectiva profética en la que un juicio cercano se convierte en modelo de un acontecimiento posterior y definitivo.
1. ❓ La pregunta de los discípulos es más amplia de lo que ellos mismos comprenden
Mateo 24,3 contiene varias preguntas en una sola frase. Los discípulos quieren saber en primer lugar cuándo ocurrirá la destrucción anunciada por Jesús. Al mismo tiempo preguntan por la señal de su venida y por la culminación del siglo. En su imaginación, estos acontecimientos parecen pertenecer inmediatamente unos a otros. Si el templo cae, piensan, el fin del orden existente no puede estar muy lejos.
Jesús no corrige esta idea con una breve explicación teórica. Más bien conduce a sus discípulos paso a paso a través de un futuro mucho más largo y complejo de lo que ellos esperan. Aquí aparece un principio fundamental: los seres humanos pueden formular una pregunta correcta y, sin embargo, no comprender todavía plenamente todas las conexiones que se esconden en ella. Los discípulos quieren saber cuándo sucederá algo; Jesús les explica primero qué peligros espirituales aparecerán, cómo deberán comportarse y hacia dónde deberán dirigir su esperanza.
La palabra griega que Mateo utiliza para la «venida» de Cristo es parousia. En el Nuevo Testamento se refiere especialmente al futuro regreso de Jesús en gloria. En ese momento los discípulos todavía no poseen una comprensión completa de todos los detalles, pero su pregunta ya va más allá de Jerusalén. Jesús recoge este horizonte más amplio y lo relaciona con la historia inmediatamente futura de la ciudad.
De este modo queda claro que la profecía no transmite solamente información sobre acontecimientos. Educa la fe. Dios no dice a su pueblo todo lo que la curiosidad humana desearía saber, pero sí le dice todo lo necesario para la fidelidad, la vigilancia y la preparación.
2. 🏙️ Jerusalén constituye el primer horizonte profético
El trasfondo inmediato del discurso del monte de los Olivos es la futura destrucción de Jerusalén. Ya en el capítulo anterior Jesús había lamentado sobre la ciudad y había declarado que su casa quedaría desierta. Sus palabras no eran expresión de dureza, sino la última advertencia seria de un Salvador que había querido reunir a su pueblo y había sido rechazado una y otra vez.
Lucas relata de manera especialmente concreta cómo Jesús preparó a sus discípulos para lo que vendría:
«Pero cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea huyan a los montes.»
Lucas 21,20–21
Esta advertencia tenía una función práctica. Los discípulos no debían limitarse a saber que se acercaba una catástrofe. Debían reconocer una señal y actuar en el momento correcto. Cuando Jerusalén fue amenazada por las tropas romanas durante la primera guerra judía y, antes del sitio definitivo, se presentó temporalmente una oportunidad de escapar, los cristianos pudieron tomar en serio las palabras de Jesús y abandonar la ciudad. Pocos años después, Jerusalén fue destruida en el año 70 d.C.
La advertencia profética no era, por tanto, una información abstracta, sino un medio de preservación divina. Quien escuchaba las palabras de Jesús debía confiar en ellas y actuar en consecuencia. Precisamente aquí aparece una diferencia fundamental entre la profecía bíblica y la mera especulación sobre el futuro. La profecía exige una respuesta. Llama a las personas a orientar su actitud, sus decisiones y, si es necesario, incluso el rumbo de su vida conforme a la palabra de Dios.
3. 🌍 La respuesta de Jesús va mucho más allá de Jerusalén
A pesar de su significado inmediato para Jerusalén, Mateo 24 no puede limitarse al año 70. En su discurso Jesús habla de desarrollos que van claramente más allá de la destrucción local de la ciudad. Anuncia que el evangelio del reino será predicado a todas las naciones antes de que venga el fin. Describe la venida visible del Hijo del Hombre como un relámpago que se ve desde el oriente hasta el occidente, y habla de señales cósmicas, así como de la reunión de los escogidos desde todas las direcciones de la tierra.
Este horizonte más amplio se hace especialmente evidente en Mateo 24,30:
«Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria.»
Una descripción semejante no puede reducirse razonablemente a la destrucción romana de Jerusalén. Jesús dirige la mirada de sus discípulos desde un juicio histórico hacia la culminación definitiva de la historia del mundo. Jerusalén se convierte así en un primer horizonte que, al mismo tiempo, señala hacia otro posterior y de mayor alcance.
Ambos niveles están relacionados, pero no deben confundirse. La destrucción de Jerusalén fue real, local y limitada históricamente. El regreso de Cristo, en cambio, será mundial, visible y definitivo. Sin embargo, existen paralelos espirituales. En ambas situaciones Dios da advertencias, llama a la vigilancia y coloca a las personas ante decisiones. En ambos casos existe el peligro de que la seguridad religiosa, la normalidad social o las expectativas humanas ahoguen la voz de Dios.
4. 🏔️ La doble perspectiva profética
La doble perspectiva no es un elemento extraño en la Biblia. Ya los profetas del Antiguo Testamento relacionan a menudo un acontecimiento histórico cercano con un cumplimiento de mayor alcance. Un juicio contra una ciudad concreta puede utilizar al mismo tiempo un lenguaje que apunta hacia el día final del Señor. Una promesa de restauración de Israel puede ir más allá del regreso inmediato y señalar hacia la salvación definitiva de Dios. Daniel ve surgir sucesivamente imperios históricos, pero sus visiones conducen finalmente al reino eterno de Dios.
También en Mateo 24 aparecen dos horizontes dentro de una imagen profética coherente. Los discípulos ven claramente solamente la primera cumbre: el templo y Jerusalén. Jesús les muestra al mismo tiempo la segunda: su regreso y la culminación de la historia. Entre ambas se extiende un largo período durante el cual el evangelio será proclamado, la iglesia pasará por pruebas, aparecerán engaños y la fe será puesta a prueba una y otra vez.
Esta perspectiva nos protege de dos errores opuestos. El primero consiste en limitar Mateo 24 casi por completo al primer siglo y debilitar así las claras declaraciones acerca del regreso de Cristo. El segundo consiste en trasladar cada declaración exclusivamente al futuro y perder de esa manera el significado histórico concreto de las palabras de Jesús para sus primeros discípulos. Una comprensión cuidadosa toma en serio ambos aspectos.
5. 🧭 La profecía proporciona orientación, pero no control total
Los seres humanos desean con frecuencia una profecía que funcione como un calendario completamente elaborado. Queremos saber qué acontecimiento viene primero, cuánto dura una etapa y en qué momento comienza la siguiente. Jesús podría haber dado a sus discípulos muchos detalles de esta clase. Conocía por completo el desarrollo de la historia futura. Sin embargo, no les dio un calendario detallado.
En lugar de ello, en Mateo 24 encontramos repetidamente exhortaciones como: «Mirad que nadie os engañe», «No os alarméis», «El que persevere hasta el fin será salvo» y «Velad, pues». Estas declaraciones muestran dónde pone Jesús el énfasis. La profecía no debe limitarse a explicar lo que sucederá, sino preparar a las personas para reaccionar espiritualmente de manera correcta.
Precisamente por eso, una gran cantidad de información profética sin una relación viva con Cristo puede incluso resultar peligrosa. Una persona puede hablar con mucha precisión sobre posibles escenarios del tiempo del fin y, al mismo tiempo, vivir sin reconciliación, con orgullo, sin amor o de manera espiritualmente superficial. Entonces posee conocimiento, pero no la preparación que Jesús exige en Mateo 24 y 25.
Por eso, la revelación del futuro permanece deliberadamente vinculada con la confianza. Dios da suficiente luz para orientarnos, pero no tanta como para que el ser humano piense que puede controlar lo que viene. La fe debe seguir aprendiendo a seguir al Señor incluso allí donde todavía no todos los detalles son visibles.
6. ⏱️ Por qué Jesús no da una fecha
Los discípulos preguntan expresamente por el momento, pero Jesús los conduce más adelante a esta declaración:
«Pero del día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo mi Padre.»
Mateo 24,36
Este límite es esencial. La Biblia contiene indicaciones proféticas de tiempo, y podemos estudiar lo que Dios realmente ha revelado. Jesús, sin embargo, no permite calcular el día de su regreso. La historia del cristianismo muestra cuántas veces los seres humanos han traspasado este límite. Una y otra vez se han fijado años, meses o incluso días concretos y, cuando las expectativas no se cumplieron, siguieron la decepción, la confusión y, no pocas veces, daños espirituales.
Jesús protege precisamente a su iglesia al no dar una fecha. La preparación no debe ser una reacción ante una fecha calculada, sino una actitud permanente de vida. Quien cree conocer una fecha segura podría sentirse tentado a posponer su preparación espiritual. Quien, en cambio, sabe que el Señor vendrá en el tiempo determinado por Dios y que no se le ha dado a conocer el momento exacto, está llamado a vivir fielmente hoy.
Por eso Jesús relaciona inmediatamente el desconocimiento del momento con esta exhortación:
«Por tanto, también vosotros estad preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.»
Mateo 24,44
La preparación no es, por tanto, el resultado de un cálculo acertado, sino el resultado de una relación viva con Cristo.
7. 🔍 Las señales son indicadores, no un reloj profético
Mateo 24 menciona guerras, hambres, terremotos, persecución, engaño religioso, aumento de la maldad y la proclamación mundial del evangelio. Estas señales son importantes, pero el mismo Jesús impide que las convirtamos en un simple reloj del fin. Acerca de varios de estos desarrollos dice expresamente: «Todo esto será principio de dolores», y respecto de las guerras declara: «Es necesario que todo esto acontezca, pero aún no es el fin».
La imagen de los dolores de parto nos ayuda a comprender la función de las señales. Los dolores indican que el nacimiento se acerca, pero no señalan con precisión matemática el momento exacto del nacimiento. Del mismo modo, las señales muestran que la historia avanza hacia un objetivo. Dejan claro que este mundo no permanecerá eternamente en su estado actual y recuerdan a la iglesia que debe mantenerse vigilante. Sin embargo, no permiten establecer una ecuación superficial según la cual un acontecimiento aislado signifique automáticamente que solo quedan unos pocos días o meses.
Precisamente en tiempos de crisis graves esta distinción es importante. Las guerras, las catástrofes naturales o las convulsiones políticas pueden comprensiblemente inquietar a las personas. Jesús, sin embargo, no llama ni a la indiferencia ni al pánico. Quiere que tomemos en serio las señales sin convertir inmediatamente cada nuevo acontecimiento en la prueba definitiva. La vigilancia es sobria. El sensacionalismo no lo es.
8. 🧠 Por qué el ser humano quiere, a pesar de todo, conocer el momento
Detrás de la pregunta acerca del «cuándo» se encuentra con frecuencia una necesidad más profunda de control. Si supiéramos cuándo sucederá algo, podríamos elaborar nuestro propio calendario. Podríamos decidir cuándo prepararnos más intensamente, cuándo modificar nuestras prioridades y cuándo dejar de posponer determinadas decisiones espirituales.
Jesús nos quita precisamente este tipo de control. En la parábola del siervo fiel y del siervo malo muestra lo peligroso que puede resultar una actitud equivocada frente al tiempo de espera. El siervo malo dice en su corazón: «Mi señor tarda en venir», y esta actitud interior hace visible su carácter. Comienza a abusar de su responsabilidad y vive como si ya no tuviera que rendir cuentas a su señor.
El tiempo de espera no es, por tanto, un espacio vacío entre la profecía y su cumplimiento. Él mismo forma parte del proceso espiritual. En él se manifiesta si nuestra fe vive únicamente de una expectativa inmediata o si permanecemos fieles a Cristo incluso cuando su regreso tarda más de lo que una generación había esperado.
Dios no busca personas que tomen la decisión correcta solamente poco antes del fin. Forma personas cuya vida diaria muestra ya ahora que pertenecen a su reino.
9. 📖 Jerusalén nos enseña a tomar en serio las advertencias divinas a tiempo
La historia de Jerusalén muestra de manera especialmente clara que el conocimiento profético siempre tiene una dimensión práctica. Los discípulos no debían limitarse a comprender que se acercaba un juicio, sino responder a las palabras de Jesús. Precisamente el momento de su huida exigía confianza, porque las circunstancias visibles no necesariamente parecían indicar que debían abandonar la ciudad inmediatamente.
Aquí encontramos un modelo que atraviesa toda la Biblia. Noé comenzó a construir el arca antes de que cayera la lluvia. Abraham dejó su tierra sin tener delante de sí todo el camino. Israel se preparó para salir de Egipto antes de que el mar fuera dividido. En todos estos casos la fe no consistía en actuar irracionalmente, sino en dar a la clara palabra de Dios más peso que a la impresión inmediata.
El mismo principio se aplica a nosotros. No comprenderemos por completo cada desarrollo de los últimos tiempos antes de que ocurra. Pero podemos aprender hoy a tomar en serio la palabra de Dios. Quien ahora está acostumbrado a posponer convicciones bíblicas claras en las cosas pequeñas no se volverá automáticamente más decidido en una crisis mayor. Por eso la preparación profética comienza en la vida cotidiana.
10. 🌐 La última generación necesita la misma fe obediente
Tampoco la última generación conocerá de antemano cada detalle de los acontecimientos venideros. La Escritura muestra las grandes líneas: el evangelio será proclamado en todo el mundo, el engaño religioso aumentará, la autoridad de Dios será cuestionada, su pueblo sufrirá presión y, finalmente, Cristo regresará visiblemente. Estas líneas fundamentales son suficientemente claras para que podamos vivir espiritualmente preparados, aunque algunos detalles solamente se comprendan plenamente mediante su cumplimiento.
Esto no debería inquietarnos. Los primeros cristianos no necesitaban conocer cada movimiento militar de Roma. Necesitaban conocer la voz de Jesús. Precisamente aquí se encuentra también para nosotros la preparación más profunda. Quien conoce profundamente la palabra de Dios, vive en oración, da lugar al Espíritu Santo y ha aprendido a obedecer a Cristo en la vida cotidiana posee una preparación mejor que quien conoce numerosos escenarios futuros, pero carece de un fundamento espiritual firme.
Jesús describe a sus seguidores con estas palabras:
«Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.»
Juan 10,27
La pregunta decisiva no es, por tanto, si podemos clasificar de antemano con exactitud cada acontecimiento futuro. Lo decisivo es si conocemos tan bien la voz del Pastor que lo seguiremos cuando el camino resulte difícil de comprender.
11. 🕊️ La profecía debe producir paz y no pánico
Muchas personas relacionan la profecía del tiempo del fin con el miedo, pero Jesús dice en medio de su discurso sobre guerras y conmociones: «Mirad que no os turbéis». Esta exhortación solo puede comprenderse si tenemos en cuenta quién habla. Cristo ya conoce la historia. Ninguna guerra lo sorprende, ninguna crisis escapa a su conocimiento y ningún desarrollo político pone en duda su soberanía.
Por eso la profecía no debe darnos la impresión de que Dios está perdiendo el control. Sucede exactamente lo contrario. Debido a que Jesús describe estos desarrollos de antemano, sus discípulos pueden reconocer que incluso los períodos difíciles de la historia no se encuentran fuera de su conocimiento.
Podemos comparar Mateo 24 con un mapa. Un buen mapa no muestra solamente caminos agradables, sino también tramos difíciles. Cuando el viajero llega a una zona empinada, no tiene que suponer necesariamente que se ha perdido. Puede reconocer que aquel tramo ya estaba señalado en el mapa y que el camino continúa más allá.
Así habla Jesús acerca de la historia futura. No oculta los tramos difíciles, pero deja claro que ellos no constituyen la meta.
12. 👑 La meta de la profecía es el Rey que regresa
Si Mateo 24 se lee solamente desde la perspectiva de guerras, catástrofes, engaños y persecuciones, el capítulo pierde su verdadero punto culminante. Jesús no conduce su discurso hacia un caos cada vez más profundo, sino hacia el regreso visible del Hijo del Hombre.
Él dice:
«Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria.»
Mateo 24,30
A continuación viene la reunión de los escogidos por medio de los ángeles. Precisamente hacia allí se dirige la historia profética. La destrucción de Jerusalén no fue el fin. Las crisis futuras no son el fin. Incluso la gran tribulación no es la meta. La meta es Cristo, que regresa con poder y gloria y lleva consigo a su pueblo.
De este modo, la expectativa cristiana del tiempo del fin adquiere un carácter completamente diferente de una mera expectativa de catástrofes. Observamos las señales no porque amemos el colapso, sino porque esperamos al Señor que pondrá definitivamente fin a ese colapso. Nuestra esperanza no descansa en nuestra capacidad de calcular correctamente cada acontecimiento, sino en la certeza de que Jesús cumplirá su promesa.
13. 🌿 Vivimos entre la profecía cumplida y la que aún no se ha cumplido
Para nosotros, la doble perspectiva de Mateo 24 posee un significado especial porque, a diferencia de los primeros discípulos, ya podemos mirar hacia atrás y contemplar una parte del cumplimiento. Jerusalén cayó. Las palabras de Jesús acerca del templo se cumplieron. La iglesia ha atravesado siglos de persecución, misión, renovación espiritual y crisis espiritual. El evangelio ha llegado a pueblos y continentes que en aquel tiempo eran completamente desconocidos para los discípulos.
Al mismo tiempo, el regreso de Cristo todavía está delante de nosotros. Vivimos, por tanto, entre un horizonte ya cumplido y otro todavía futuro. Precisamente el cumplimiento de la profecía pasada fortalece nuestra confianza en lo que aún está por venir. Si Jesús habló de manera confiable acerca de Jerusalén, también podemos confiar en sus promesas acerca de su regreso.
Pedro describe la palabra profética como una lámpara que alumbra en un lugar oscuro. Esta imagen es acertada, porque una lámpara no necesariamente ilumina todo el paisaje hasta el horizonte. Pero proporciona suficiente luz para dar con seguridad el siguiente paso. Así guía Dios con frecuencia también a su pueblo. No siempre muestra todo el camino, pero no deja a nadie sin la luz necesaria para permanecer fiel.
14. 🙏 Cómo estudiar sanamente la profecía
Un estudio sano de la profecía comienza con humildad. Debemos distinguir entre lo que la Escritura dice claramente y lo que deducimos de determinados indicios. Allí donde la palabra de Dios es clara, podemos hablar con claridad. Allí donde diferentes cuestiones de interpretación permanecen abiertas, debemos ser prudentes y no confundir conclusiones humanas con revelación divina.
Igualmente importante es el contexto. Mateo 24 no debe separarse de Mateo 23 y 25. Las advertencias acerca de Jerusalén, las señales de los tiempos, el llamado a la vigilancia y las parábolas de las diez vírgenes, los talentos y el juicio forman un discurso coherente. Jesús no explica solamente lo que sucederá, sino también cómo deben vivir sus seguidores durante el tiempo de espera.
Finalmente, todo estudio profético debe conducir a Cristo. Si después de una larga dedicación a los temas del tiempo del fin hablamos cada vez más de sistemas políticos, crisis y amenazas, pero oramos menos, amamos menos y confiamos menos en Jesús, hemos perdido de vista el objetivo. La profecía bíblica debe profundizar nuestra obediencia, nuestra esperanza y nuestro sentido de responsabilidad.
Juan resume este principio en Apocalipsis 1,3: bienaventurados no son solamente los que leen y oyen, sino los que guardan lo que está escrito. La bendición se encuentra, por tanto, en un conocimiento que transforma la vida.
🌄 Conclusión: Entre dos horizontes
Los discípulos estaban sentados en el monte de los Olivos y miraban hacia Jerusalén. Ante ellos se levantaba un templo cuya destrucción apenas podían imaginar. Al mismo tiempo, sus corazones preguntaban por el fin de la historia y por el regreso de su Señor. En su imaginación estos acontecimientos estaban muy cerca unos de otros, como dos montañas que vistas desde lejos parecen formar una sola línea.
Jesús les mostró ambos horizontes. El primero estaba cerca: Jerusalén caería. El segundo se encontraba más lejos: el Hijo del Hombre regresaría con poder y gloria. Entre estos dos acontecimientos la iglesia debía vivir, proclamar el evangelio, soportar pruebas, reconocer engaños y permanecer fiel en la esperanza en Cristo.
Hoy nos encontramos mucho más avanzados en este camino que los discípulos de entonces. Podemos mirar hacia atrás a la profecía cumplida y comprobar que las palabras de Jesús fueron confiables. Al mismo tiempo, todavía esperamos el gran segundo horizonte. No conocemos el día de su regreso y tampoco necesitamos conocerlo. Lo decisivo es que conozcamos a Aquel que regresará y que nuestra vida esté hoy orientada hacia él.
La pregunta «¿Cuándo sucederán estas cosas?» sigue siendo comprensible. Sin embargo, Jesús nos conduce hacia una pregunta aún más importante: ¿Cómo debo vivir mientras espero? Quien responda correctamente a esta segunda pregunta estará preparado incluso si no conoce el momento exacto.
📣 Llamado
Querida iglesia,
quizá también nosotros llevemos dentro muchas preguntas acerca del futuro. Vemos tensiones políticas, guerras, cambios sociales, catástrofes naturales y desarrollos religiosos, y queremos saber cuán cerca estamos realmente del fin. Jesús no nos prohíbe observar atentamente. Pero nos llama a no hacer depender nuestra vida espiritual de especulaciones.
Por eso deberíamos preguntarnos hoy, en primer lugar, si confiamos en Cristo también allí donde no comprendemos por completo el desarrollo temporal de su dirección. Los discípulos querían saber el «cuándo», pero Jesús les dio sobre todo orientación para su fe. También nosotros debemos aprender que la dirección de Dios sigue siendo confiable incluso cuando no conocemos el calendario de su providencia.
Igualmente deberíamos preguntarnos si nuestro estudio de la profecía realmente nos transforma. Si nos hace más humildes, más fieles, más vigilantes y más amorosos, está cumpliendo su propósito. Si, por el contrario, produce sobre todo miedo, orgullo o especulación constante, necesitamos volver a centrar nuestra mirada en Cristo.
Finalmente, se trata de estar dispuestos a seguirlo hoy. Ninguno de nosotros sabe cuánto tiempo durará todavía la espera. Pero cada uno de nosotros puede vivir hoy en oración, obediencia, observancia del sábado, amor y fidelidad a la palabra de Dios. Esta es una preparación que no depende de una fecha.
Si quieres decir: «Señor Jesús, no comprendo cada detalle del futuro, pero quiero confiar plenamente en ti», presenta ahora esta decisión ante él. Pídele que quite tu temor ante lo que viene, que te ayude a renunciar a tu deseo de control y que te conceda suficiente luz para el siguiente paso.
🙏 Oración final
Señor Jesucristo,
te damos gracias porque no dejaste a tus discípulos en la incertidumbre acerca del futuro. Les anunciaste la destrucción de Jerusalén, los advertiste contra el engaño y la persecución y, al mismo tiempo, dirigiste su mirada hacia el día en que regresarás con gran poder y gloria. En tus palabras reconocemos que la historia no avanza sin rumbo, sino que, bajo tu soberanía, se dirige hacia una meta determinada por Dios.
Perdónanos cuando hemos utilizado tu palabra profética para satisfacer nuestra curiosidad en lugar de permitir que transforme nuestra vida. Perdónanos cuando hemos preguntado por fechas y acontecimientos, pero hemos descuidado las preguntas más importantes acerca de la fidelidad, la obediencia, el amor y la vigilancia espiritual. Guárdanos de buscar en cálculos humanos una seguridad que solo puede encontrarse en ti.
Enséñanos a estudiar las Sagradas Escrituras con cuidado y humildad. Ayúdanos a comprender el significado inmediato de tus palabras para Jerusalén y, al mismo tiempo, a reconocer su horizonte más amplio hasta tu regreso. Danos sabiduría para unir aquello que tú has unido y distinguir aquello que debe diferenciarse en el tiempo y en la historia.
Te damos gracias por todas las profecías ya cumplidas, que nos muestran que tu palabra es confiable. Advertiste a Jerusalén antes de que llegara el juicio y mostraste a tus seguidores un camino de preservación. Permite que esta historia cumplida fortalezca nuestra confianza en que también se cumplirá toda promesa que aún está por realizarse.
Danos un espíritu sobrio cuando contemplamos las señales de nuestro tiempo. Guárdanos tanto de la indiferencia como del pánico. Permite que estemos atentos sin volvernos ávidos de sensaciones, vigilantes sin vivir con miedo y firmes en la verdad sin volvernos orgullosos.
Te rogamos especialmente por las personas que sienten temor ante el futuro al contemplar los acontecimientos de este mundo. Fortalece su confianza en que ninguna guerra, ninguna crisis y ningún cambio político te sorprenden. Tú conoces el camino antes de que nosotros lo recorramos y no abandonarás a tu pueblo.
Forma nuestro carácter durante el tiempo de espera. No permitas que pensemos que este tiempo carece de significado. Enséñanos paciencia, perseverancia y fidelidad. Ayúdanos a vivir en nuestras familias, en nuestra iglesia, en nuestro trabajo y en nuestras decisiones diarias de tal manera que estemos siempre preparados para encontrarnos contigo.
Si no conocemos el momento, ayúdanos a conocer tanto mejor a Aquel que regresa. Si no vemos todo el camino, danos confianza para el siguiente paso. Si nuestro entorno parece oscuro, permite que tu palabra profética brille como una lámpara delante de nuestros pies.
No dirijas nuestra mirada hacia la crisis como si fuera la meta final, sino hacia ti. Tú eres el centro de la profecía, la esperanza de tu iglesia y el Rey que viene. Esperamos el día en que aparecerás sobre las nubes del cielo, resucitarás a los muertos en Cristo y reunirás a tus redimidos de todas las partes de la tierra.
Hasta entonces, guárdanos en tu palabra, mantén vivo nuestro amor, firme nuestra fe y clara nuestra esperanza. Permite que vivamos vigilantes y, al mismo tiempo, llenos de paz, porque sabemos que nuestro futuro no está en manos del azar, sino en tus manos.
Oramos en tu santo nombre.
Amén.
