🌾 Escuela Sabática compacta
Comprender, profundizar y vivir la lección semanal.
✉️ PRIMERA Y SEGUNDA A LOS CORINTIOS
🎁 Lección 6 – Los dones espirituales
📅 Semana de estudio: 1–7 de agosto de 2026
🕊️ Sábado: 8 de agosto de 2026
🏛️ Tercer trimestre de 2026: 1 y 2 Corintios
Con la sexta lección llegamos a uno de los temas más conocidos y, al mismo tiempo, más frecuentemente malinterpretados de la primera carta a los Corintios: los dones espirituales. Pablo no los aborda para establecer una clasificación de las capacidades más impresionantes, sino porque precisamente los dones que Dios había concedido para edificar a su iglesia se habían convertido en Corinto en motivo de rivalidad, desorden y arrogancia espiritual. Por eso, 1 Corintios 12–14 constituye una unidad coherente: el capítulo 12 muestra la diversidad de los dones dentro del único cuerpo, el capítulo 13 presenta el amor como fundamento indispensable para utilizarlos y el capítulo 14 pregunta cómo deben emplearse para edificar verdaderamente a la iglesia. La guía de estudio resume acertadamente este pensamiento fundamental: Dios concede dones diferentes para que precisamente mediante esta diversidad pueda surgir la unidad.
💎 Versículo para memorizar
«Seguid el amor y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis».
1 Corintios 14:1
En una sola frase, Pablo relaciona dos cosas que nunca deben separarse: los dones espirituales y el amor espiritual. No basta con poseer un don si se utiliza para llamar la atención sobre uno mismo, competir o producir confusión. Del mismo modo, el amor no significa que los dones espirituales carezcan de importancia. La iglesia necesita ambas cosas: las diferentes capacidades concedidas por el Espíritu Santo y el amor semejante al de Cristo que determina cómo deben utilizarse.
Precisamente aquí se encuentra la clave de toda la lección. La primera pregunta no es: «¿Cuál es el don más grande?», sino: «¿Cómo puede aquello que Dios me ha concedido servir a los demás y glorificar a Cristo?»
🧭 ¿De qué trata la lección?
Aparentemente, la iglesia de Corinto poseía una extraordinaria diversidad de dones espirituales. Pablo menciona la sabiduría, el conocimiento, la fe, las sanidades, los milagros, la profecía, el discernimiento de espíritus, las lenguas y su interpretación. Sin embargo, precisamente esta abundancia de capacidades espirituales no produjo automáticamente una iglesia madura. Algunos corintios parecían valorar determinados dones espectaculares por encima de otros, de manera que volvió a manifestarse la misma forma de pensar que Pablo ya había criticado en los primeros capítulos: las personas se comparaban entre sí y relacionaban el valor espiritual con la importancia visible.
Pablo no responde eliminando los dones ni restándoles importancia. Explica su origen y su propósito. Existen diferentes dones, ministerios y operaciones, pero detrás de todos ellos se encuentran el mismo Espíritu, el mismo Señor y el mismo Dios. El Espíritu Santo no distribuye los dones según el prestigio humano, sino «como él quiere», y cada don es concedido para el beneficio de toda la comunidad.
Así se hace visible una verdad decisiva: un don espiritual no es una posesión personal destinada a la realización propia, sino una capacidad confiada para servir. Nadie puede enorgullecerse de él porque no lo ha creado por sí mismo; al mismo tiempo, nadie debe sentirse inferior porque su tarea parezca menos visible.
📖 La lección de un vistazo
Pablo no comienza su explicación en 1 Corintios 12 con una lista de capacidades extraordinarias, sino con la confesión: «Jesús es el Señor». Esta confesión constituye en sí misma una expresión de la obra del Espíritu Santo. En el mundo romano, esta afirmación era mucho más que una fórmula religiosa privada. Quien confesaba a Jesús como Señor colocaba bajo el señorío de Cristo la lealtad suprema de su vida. Solamente sobre este fundamento pueden comprenderse correctamente todos los demás dones.
A continuación, Pablo destaca simultáneamente la diversidad y la unidad. Existen diferentes dones, pero el mismo Espíritu; diferentes ministerios, pero el mismo Señor; diferentes operaciones, pero el mismo Dios. Por consiguiente, la diversidad no constituye un problema que deba superarse, sino que ha sido establecida por Dios. Una iglesia saludable no está formada por personas que poseen las mismas capacidades, asumen las mismas tareas y tienen la misma personalidad. Se parece, más bien, a un organismo vivo en el que miembros muy diferentes funcionan conjuntamente.
La conocida imagen del cuerpo de Cristo hace especialmente comprensible este pensamiento. Un cuerpo está formado por ojos, manos, pies, oídos y muchos otros órganos. Precisamente porque son diferentes pueden constituir juntos un cuerpo funcional. Si todo el cuerpo estuviera formado únicamente por ojos, podría ver, pero no podría oír, caminar ni sujetar nada. Del mismo modo, la iglesia necesita personas con diferentes capacidades. El maestro necesita al ayudante práctico; el predicador, a quien ora silenciosamente; el organizador, al consejero pastoral; el músico, a la persona que sabe escuchar, y el ministerio visible necesita a quienes realizan una labor que quizá casi nadie percibe.
Pablo va aún más lejos y explica que precisamente aquellos miembros que parecen más débiles son necesarios. De este modo, se opone a toda cultura espiritual que valora únicamente las tareas visibles, públicas o espectaculares. Delante de Dios, un servicio silencioso puede poseer tanta importancia como una predicación pronunciada ante cientos de personas. La pregunta no es cuántas personas observan nuestro don, sino si lo utilizamos fielmente allí donde Dios lo necesita.
Por esta razón, nadie debería decir: «No soy necesario». Cuando Dios llama a las personas a formar parte de su cuerpo, también les concede oportunidades para servir. Quizá algunos dones todavía necesiten ser descubiertos, desarrollados o estimulados, pero nadie ha sido llamado a permanecer como un simple espectador de la vida de la iglesia. Del mismo modo, ninguna persona muy capacitada debería decir: «No necesito a los demás». La imagen del cuerpo muestra precisamente la dependencia mutua. Nadie posee todos los dones y nadie puede cumplir solo la misión de Dios.
Sin embargo, Pablo sabe que ni siquiera esta verdad es suficiente. Por eso, al final del capítulo 12 conduce hacia «un camino aún más excelente» e introduce entre los dos capítulos dedicados a los dones espirituales el famoso capítulo acerca del amor. Por consiguiente, 1 Corintios 13 no se encuentra allí accidentalmente ni fue escrito principalmente como un texto romántico para las bodas. Es la respuesta de Dios al uso equivocado de los dones espirituales.
Pablo se expresa radicalmente: una persona podría hablar de una manera extraordinaria, poseer los conocimientos más profundos, tener una fe capaz de mover montañas, entregar todas sus posesiones e incluso realizar los mayores sacrificios, pero si carece de amor, todo esto pierde su valor espiritual. Por eso, la guía de estudio destaca que el amor no constituye otro don colocado junto a los demás, sino la manera mediante la cual todos los dones alcanzan verdaderamente su propósito divino.
También resulta significativo cómo describe Pablo el amor. No lo define principalmente como un sentimiento, sino mediante acciones: es paciente y bondadoso, no busca su propio beneficio, no se jacta, no guarda rencor, se alegra con la verdad, todo lo soporta, todo lo cree, todo lo espera y todo lo resiste. De este modo, la madurez espiritual se vuelve sorprendentemente práctica. Un cristiano muy dotado que hiere constantemente a los demás no puede justificarse recurriendo a su don. Cuanto más profundamente llene el Espíritu Santo a una persona, con mayor claridad deberían manifestarse, junto con sus capacidades, el carácter de Cristo.
🔎 Una reflexión más profunda
El don no me pertenece: me fue confiado
Muchas dificultades relacionadas con los dones espirituales surgen cuando comenzamos a considerarlos parte de nuestra importancia personal. Entonces, un don puede convertirse fácilmente en un símbolo de estatus. Una persona se siente valiosa mientras su tarea permanece visible y amenazada cuando alguien más puede realizar el mismo trabajo quizá de una manera mejor. El servicio se transforma en competencia.
Pablo piensa exactamente de la manera contraria. El Espíritu Santo distribuye los dones como él quiere. Esto significa que ni el propio don ni su éxito nos pertenecen en última instancia. Cuando Dios concede a una persona una capacidad especial, esto no significa que sea más importante que las demás. Significa, más bien, que le ha sido confiada una responsabilidad especial.
Esto también transforma nuestra manera de considerar los dones menos llamativos. Algunos ministerios de la iglesia pueden pasar fácilmente inadvertidos porque no se desarrollan sobre una plataforma. Sin embargo, una persona que ora fielmente, visita a los enfermos, acompaña a los jóvenes, realiza tareas técnicas, escucha a los demás, recibe a las personas o ayuda de manera práctica a llevar sus cargas puede actuar mediante el Espíritu Santo de la misma manera que quien predica públicamente.
Por eso, la pregunta decisiva no es: «¿Qué don me hace importante?», sino: «¿Qué me ha confiado Dios para que pueda servir a los demás?»
Cuando crece esta actitud, la comparación con los demás pierde su poder. No necesito poseer el don de mi prójimo porque Dios creó conscientemente un cuerpo diverso. Mi misión consiste en desarrollar fielmente aquello que me ha sido confiado y, al mismo tiempo, reconocer con gratitud los dones de los demás.
🗣️ El don de lenguas: ¿don o confusión?
Una parte especialmente importante de la lección está relacionada con el don de lenguas en 1 Corintios 14. Precisamente en este ámbito habían surgido aparentemente problemas considerables en Corinto. Pablo no rechaza este don, pero le establece límites claros. Todo lo que sucede durante el culto público debe servir para edificar a la iglesia. Por eso, cuando alguien habla en una lengua que los oyentes no comprenden, debe haber una interpretación; de lo contrario, no se produce edificación espiritual, sino incomprensión.
La guía de estudio comprende el don bíblico de lenguas, en relación con Marcos 16, Hechos 2, Hechos 10 y Hechos 19, como la capacidad concedida por el Espíritu Santo de hablar idiomas extranjeros reales. El acontecimiento de Pentecostés ofrece el ejemplo más claro: personas procedentes de diferentes países escucharon a los discípulos hablar en sus propios idiomas acerca de las grandes obras de Dios. Por eso, en Corinto Pablo no critica el don en sí mismo, sino su utilización desordenada o exagerada.
Su criterio continúa siendo el mismo que en toda la sección: ¿Comprende la iglesia lo que se dice y es edificada mediante ello? La experiencia espiritual no debe convertirse en un fin en sí misma. Incluso un don verdadero del Espíritu debe utilizarse de manera que sirva a los demás.
De este modo, Pablo también contradice la idea de que todo cristiano lleno del Espíritu deba poseer necesariamente el mismo don. En 1 Corintios 12 ya pregunta retóricamente si todos son apóstoles, profetas o maestros y si todos hablan en lenguas. La respuesta esperada es negativa. La diversidad de los dones pertenece precisamente a la esencia del cuerpo de Cristo.
📜 El don de profecía
En comparación con el don de lenguas, Pablo concede una importancia especial a la profecía en 1 Corintios 14 porque contribuye directamente a la edificación, exhortación y consolación de la iglesia. En la Biblia, la profecía no significa exclusivamente predecir acontecimientos futuros. Un profeta habla por encargo de Dios y transmite un mensaje que conduce a las personas hacia la fe, el arrepentimiento y la fidelidad.
Efesios 4 también muestra que los dones espirituales fueron concedidos a la iglesia para preparar a los creyentes, edificar el cuerpo de Cristo y conducir a la comunidad hacia la madurez espiritual. Mientras este objetivo no se haya alcanzado completamente, continúa existiendo la necesidad de los dones. Por eso, la interpretación adventista no considera que el don profético haya desaparecido necesariamente con la muerte de los apóstoles.
Al mismo tiempo, la Biblia exige que se examine toda pretensión profética. La lección menciona varios criterios bíblicos: un mensaje no debe contradecir la Palabra ya revelada de Dios, las profecías verdaderas deben cumplirse, la vida del mensajero debe manifestar una relación con Cristo y Jesús mismo afirma que los profetas verdaderos y falsos serán reconocidos por sus frutos.
En este contexto, la lección también remite a Apocalipsis 12:17 y 19:10 y aborda la comprensión adventista del ministerio profético de Elena G. de White. No se la considera un sustituto de la Biblia. Las Sagradas Escrituras continúan siendo la norma mediante la cual debe examinarse todo mensaje espiritual posterior. La convicción adventista afirma, más bien, que el don profético descrito por el Nuevo Testamento para la iglesia también puede actuar durante el tiempo del fin.
🔗 La Biblia explica la Biblia
Romanos 12:4–8 complementa la imagen presentada en 1 Corintios 12. Allí Pablo también describe un cuerpo formado por muchos miembros y menciona diferentes dones, como la profecía, el servicio, la enseñanza, la exhortación, la generosidad, el liderazgo y la misericordia. Resulta significativo que junto a las tareas públicamente visibles aparezcan formas muy prácticas de servicio. Esto confirma que la comprensión divina de los dones espirituales es mucho más amplia que nuestra frecuente concentración en la predicación o el liderazgo público.
Efesios 4:11–13 muestra posteriormente el objetivo común de todos los dones. Los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros no existen para destacar especialmente a determinadas personas, sino para preparar a los creyentes y edificar el cuerpo de Cristo. Por consiguiente, un don espiritual cumple su propósito cuando fortalece a los demás.
1 Pedro 4:10 resume este pensamiento de una manera especialmente concisa: cada persona debe servir a los demás mediante el don que ha recibido. Pedro habla de la multiforme gracia de Dios. Los diferentes dones son, por consiguiente, caminos distintos mediante los cuales la misma gracia divina alcanza a las personas.
Finalmente, Hechos 2 muestra de manera ejemplar para qué fue concedido el don de lenguas: el evangelio debía superar las barreras lingüísticas y alcanzar a personas pertenecientes a diferentes pueblos. Por eso, un don del Espíritu nunca conduce solamente a la admiración de la persona dotada, sino siempre hacia la misión de Dios.
💬 Preguntas para reflexionar
¿Cómo puedo descubrir mis dones espirituales? Con frecuencia, esto no sucede mediante un único momento extraordinario, sino cuando comenzamos a servir. Entonces podemos observar dónde utiliza Dios especialmente nuestro esfuerzo, qué aspectos de nuestro servicio experimentan los demás como útiles y qué tareas despiertan en nosotros un profundo sentido de responsabilidad espiritual. Los comentarios de cristianos maduros también pueden ayudarnos a reconocer dones que quizá nosotros mismos subestimamos.
¿Qué sucede cuando una iglesia valora solamente algunos dones? Puede surgir fácilmente una mentalidad de espectador. Unas pocas personas asumen casi todas las responsabilidades, mientras muchas otras creen no tener nada que aportar. La imagen paulina del cuerpo se opone precisamente a esta situación. Una iglesia saludable ayuda a las personas a descubrir sus diferentes dones y utilizarlos responsablemente.
¿Puede utilizarse incorrectamente un don espiritual verdadero? Corinto muestra claramente que esto es posible. Un don puede ser verdadero y, sin embargo, utilizarse con orgullo, rivalidad o sin consideración hacia la iglesia. Por eso, la existencia de una capacidad extraordinaria no constituye una prueba suficiente de madurez espiritual. También son decisivos la verdad, el orden, el amor y los frutos producidos.
¿Por qué coloca Pablo el amor entre sus dos capítulos dedicados a los dones espirituales? Porque el amor determina si un don corresponde con el carácter de Cristo. Sin amor, incluso algo impresionante puede convertirse en ruido espiritual. Sin embargo, con amor, hasta el servicio más discreto puede adquirir una importancia extraordinaria.
🌱 Comprender – profundizar – vivir
Comprender significa reconocer en esta lección que todo ministerio espiritual tiene su origen en Dios. Los dones no son condecoraciones concedidas a cristianos especialmente valiosos, sino instrumentos distribuidos por el Espíritu Santo para edificar el cuerpo. Por eso, no existe ninguna razón para el orgullo espiritual ni para los sentimientos de inferioridad.
Profundizar significa tomar en serio la relación existente entre los dones y el carácter. 1 Corintios 13 no se encuentra accidentalmente entre los capítulos 12 y 14. Dios no se interesa solamente por lo que hacemos, sino también por cómo lo hacemos. Una capacidad extraordinaria nunca puede sustituir la paciencia, la humildad, la fidelidad a la verdad y el amor.
Vivir significa, finalmente, dejar de ser espectadores para convertirnos en colaboradores. Cada cristiano puede preguntarle a Dios dónde se necesitan sus capacidades. No todos predicarán, enseñarán o dirigirán, pero todos pueden servir. Algunos dones serán públicamente visibles; otros permanecerán casi ocultos. Sin embargo, delante de Dios no decide la visibilidad, sino la fidelidad.
📜 Elena G. de White sobre este tema
La lección del viernes presenta un pensamiento especialmente hermoso de Elena G. de White. Ella describe cuán diferentes pueden ser las capacidades concedidas a las personas para realizar la obra de Dios: una puede hablar bien; otra, escribir; otra posee un don especial para la oración o el canto, mientras que alguien más puede explicar la Palabra de Dios de una manera especialmente comprensible. Lo decisivo no es que todos hagan lo mismo, sino que las diferentes capacidades colaboren bajo la misma dirección.
Por eso, Elena G. de White también advierte contra el menosprecio de los dones aparentemente pequeños. Su consejo podría resumirse así: no mires constantemente hacia ti mismo ni te preguntes si tu tarea parece suficientemente grande, sino contempla a Cristo y realiza con humildad y amor aquello que puedes hacer. También destaca que los cristianos necesitan las capacidades y las perspectivas de los demás, y que los diferentes dones deben relacionarse para edificar a la iglesia.
Precisamente este pensamiento concuerda perfectamente con la imagen del cuerpo de Cristo. Dios no busca una iglesia formada por luchadores religiosos solitarios que deseen demostrar que su don es el más importante. Crea una comunidad en la que personas diferentes se complementan y pueden realizar juntas algo que ninguna de ellas podría alcanzar por sí sola.
✨ El pensamiento para este sábado
Quizá uno de los mayores peligros relacionados con los dones espirituales consiste en contemplar constantemente aquello que no tenemos. Una persona desea poseer el don de expresión de otra; alguien más quisiera tener su talento musical, su capacidad de liderazgo o sus conocimientos bíblicos. Mientras nos comparamos, puede permanecer sin utilizar aquello que Dios ya nos ha confiado personalmente.
Pablo nos invita a adoptar una perspectiva completamente diferente. En el cuerpo de Cristo no todos son un ojo, pero tampoco todos necesitan serlo. Un pie no es menos valioso porque no puede ver, y una mano no carece de importancia porque no puede oír. Precisamente su diversidad hace posible la vida del cuerpo.
Lo mismo se aplica a la iglesia. Dios no necesita trescientas copias de la misma persona. Llama a personas con diferentes personalidades, experiencias, capacidades e historias de vida y las une mediante el mismo Espíritu para formar un solo cuerpo.
Sin embargo, ni siquiera la diversidad más hermosa sería suficiente. Por eso, Pablo nos conduce finalmente desde los dones hasta el amor. La pregunta más importante no es si los demás admiran nuestro don, sino si mediante nuestro servicio experimentan algo de Cristo.
Quizá una persona nunca pronuncie una gran predicación, pero escuchará a alguien durante un momento difícil. Tal vez no escriba ningún libro teológico, pero ayudará a un niño a conocer a Jesús. Quizá su labor nunca reciba reconocimiento público, pero mediante sus oraciones fieles serán sostenidas personas de las que nadie más sabe.
En el reino de Dios, la importancia se mide de una manera diferente.
Los dones espirituales no muestran quién de nosotros es más importante. Muestran hasta qué punto nos necesitamos mutuamente. Cuando cada persona utiliza con amor aquello que le ha sido confiado, muchas personas diferentes se convierten en un solo cuerpo y, mediante este cuerpo, Cristo puede hacerse visible.
