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🌙 ¿Sigues despierto?

Cada noche, un poco más cerca de Jesús.


📅 4 de agosto


😊 La alegría que viene de Jesús


📖 Mateo 2:10–11

«Cuando vieron la estrella, se llenaron de una alegría inmensa. Entraron en la casa y encontraron al niño con María, su madre. Entonces se postraron y lo adoraron.»
Mateo 2:10–11


¿Cuándo fue la última vez que te alegraste de verdad?

Tal vez por haber aprobado un examen.

Por una buena noticia.

Por las vacaciones.

O simplemente por pasar tiempo con una persona a la que quieres.

La alegría es uno de los regalos más hermosos de Dios.

Pero muchas veces es pasajera.

Hoy nos alegramos.

Mañana, ese momento ya habrá pasado.

La alegría de los sabios era diferente.

Mateo incluso escribe que se llenaron de «una alegría inmensa».

¿Por qué?

¿Por haber vuelto a ver la estrella?

No solamente.

La estrella era importante. Pero nunca fue la meta.

Era solo una señal que indicaba el camino.

La meta era Jesús.

Qué fácilmente confundimos a veces las señales del camino con la meta.

Nos alegramos por experiencias bonitas.

Por los éxitos.

Por el reconocimiento.

Por los regalos.

Pero todo eso puede hacernos felices solamente por un momento.

La alegría que permanece solo la encontramos en Jesús.

Cuando los sabios entraron en la casa, ocurrió algo asombroso.

Mateo no escribe que primero saludaran a María.

Ni que admiraran la casa.

Ni siquiera que hablaran del largo viaje.

Su mirada se dirigió a Jesús.

Y de inmediato quedó claro lo que debían hacer.

Se postraron y lo adoraron.

Imagínate ese momento.

Habían viajado durante meses.

Habían recorrido muchos kilómetros.

Habían vivido momentos de incertidumbre.

Tal vez otros se habían burlado de ellos.

Quizá ellos mismos habían dudado algunas veces.

Pero ahora finalmente estaban delante de Jesús.

En aquel instante, todo esfuerzo quedó olvidado.

A veces nuestra vida se parece a eso.

Estamos en camino.

Esperamos.

Aguardamos.

Oramos.

Y muchas veces nos preguntamos si todo ese camino realmente vale la pena.

La historia de los sabios nos da una respuesta maravillosa.

Sí.

Cada paso hacia Jesús vale la pena.

Tal vez hoy todavía no lo notes.

Quizá tu fe a veces se sienta seca.

Tal vez lees la Biblia y piensas:

«¿Por qué no siento nada?»

Seguramente los sabios también tuvieron días en los que solo veían arena, calor y cansancio.

Pero siguieron adelante.

Y un día estuvieron delante de Jesús.

Creo que muchas personas buscan la alegría, pero en el lugar equivocado.

La buscan en los «me gusta».

En el reconocimiento.

En el éxito.

En las relaciones.

En el dinero.

Todas esas cosas pueden ser bonitas.

Pero ninguna de ellas puede llenar de manera permanente el vacío de nuestro corazón.

No fuimos creados para eso.

Fuimos creados para vivir en comunión con Dios.

Agustín escribió una vez:

«Nuestro corazón está inquieto hasta que encuentra descanso en ti.»

Tal vez esa sea precisamente la razón por la que algunas personas lo tienen todo y, aun así, no son felices.

Y por la que otras, teniendo tan poco, viven llenas de paz.

La verdadera alegría no depende primero de nuestras circunstancias.

Crece allí donde Jesús ocupa el centro.

Por eso, esta noche no te deseo en primer lugar éxito.

Ni notas perfectas.

Ni una vida sin problemas.

Te deseo algo mucho más grande.

Que te encuentres con Jesús.

Porque allí donde está Jesús crece una alegría más profunda que cualquier sentimiento.

Una alegría que permanece incluso en los días difíciles.

Una alegría que nadie puede quitarte.


💭 Piensa en ello

¿De qué depende tu alegría en este momento?

¿Qué tendría que suceder para que mañana fueras feliz?

¿Y qué cambiaría si Jesús mismo se convirtiera en la mayor alegría de tu vida?


🙏 Oración

Querido Papá,

gracias porque la verdadera alegría no depende de mis circunstancias, sino de ti.

Muchas veces busco mi felicidad en los lugares equivocados.

Por favor, dirige una y otra vez mi mirada hacia Jesús.

Dame un corazón que se alegre en tu presencia.

Y ayúdame a no olvidar nunca que la mayor alegría no está en lo que recibo, sino en Aquel con quien me encuentro.

Gracias porque Jesús está aquí.

Hoy.

Y también mañana.

Amén.


🌙 Duerme bien.

La mayor alegría no está esperando hasta mañana.

Tiene un nombre:

Jesús.

Hasta mañana.