11 mins 2 días

🌙 ¿Sigues despierto?

Cada noche, un poco más cerca de Jesús.


📅 21 de agosto


🌳 Frutos en lugar de fachada


📖 Mateo 3:7–10

«¡Dad, pues, frutos dignos de arrepentimiento! Y no penséis decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre».
Mateo 3:8–9


Muchas personas acudían a Juan junto al Jordán.

Algunas escuchaban su mensaje y reconocían sinceramente:

«Algo tiene que cambiar en mi vida».

Confesaban sus pecados y se dejaban bautizar.

Pero entonces también llegaron fariseos y saduceos.

Pertenecían a los grupos religiosos más influyentes de su tiempo. Conocían las Sagradas Escrituras, observaban las normas religiosas y eran respetados por muchas personas.

Por fuera, todo parecía correcto.

Pero Juan veía más profundamente.

Reconoció que no todos habían venido por la misma razón.

Quizá algunos solamente querían observar.

Tal vez querían descubrir por qué tanta gente acudía a Juan.

Quizá esperaban parecer religiosos mediante el bautismo sin abrir realmente su corazón a Dios.

Por eso Juan habló con mucha claridad:

«¡Dad frutos dignos de arrepentimiento!»

En otras palabras:

«No habléis solamente de cambio. Dejad que ese cambio se haga visible en vuestra vida».

🎭 ¿Parecer religioso o pertenecer a Jesús?

Es posible parecer piadoso y, sin embargo, estar lejos de Dios.

Puedes asistir regularmente al culto.

Puedes conocer las respuestas correctas.

Puedes orar, cantar y aprender versículos bíblicos de memoria.

Incluso puedes estar bautizado.

Y, aun así, el corazón puede seguir siendo orgulloso, falto de amor o incapaz de perdonar.

La religión exterior puede impresionar a otras personas.

Pero no impresiona a Dios.

Dios no ve solamente lo que haces el sábado.

También ve cómo tratas el lunes a tus compañeros de clase.

No escucha solamente tu oración.

También escucha cómo hablas acerca de otras personas.

No ve solamente la Biblia que tienes en la mano.

También ve los pensamientos que guardas en tu corazón.

Esto no significa que asistir al culto, leer la Biblia o bautizarse sean cosas sin importancia.

Al contrario: son valiosos regalos de Dios.

Pero no deben convertirse en una fachada detrás de la cual escondamos una vida que no ha cambiado.

Jesús no quiere solamente una parte religiosa de tu vida.

Quiere todo tu corazón.

🌱 ¿Qué son los frutos del arrepentimiento?

Un árbol no demuestra qué clase de árbol es mediante un cartel.

Puedes colgar en un árbol sin frutos un letrero que diga:

«Manzano».

Pero si nunca crecen manzanas, tarde o temprano todos se darán cuenta de que algo no está bien.

Lo mismo sucede con nuestra fe.

No basta con llamarse cristiano.

La pregunta es:

¿Qué frutos crecen en mi vida?

Si Jesús obra en tu corazón, con el tiempo se hará visible.

Quizá te vuelvas más paciente.

Aprendas a pedir perdón con sinceridad.

Trates a las personas con mayor respeto.

Dejes de hablar de otros cada vez que se presenta la oportunidad.

Desarrolles compasión por personas que suelen ser ignoradas.

Te vuelvas más responsable.

Comiences a tomar decisiones no solamente según tus sentimientos, sino según la Palabra de Dios.

Estos cambios no hacen que Dios comience a amarte.

Dios ya te ama.

Los frutos no son la causa de su amor.

Son la consecuencia de ese amor.

Un manzano no da manzanas para convertirse en manzano.

Da manzanas porque ya lo es.

De la misma manera, no obedecemos a Dios para convertirnos en sus hijos.

Por medio de Jesús podemos ser sus hijos.

Y porque le pertenecemos, su Espíritu comienza a transformar nuestra vida.

🧬 «Tenemos a Abraham por padre»

Los dirigentes religiosos estaban orgullosos de su origen.

Pertenecían al pueblo de Israel.

Abraham era su antepasado.

Quizá pensaban:

«Pertenecemos automáticamente a Dios. Nuestro origen es suficiente».

Pero Juan les dejó claro:

Nadie vive de la fe de sus antepasados.

No estás automáticamente unido a Jesús porque tus padres sean creyentes.

No perteneces automáticamente a Dios porque tu familia sea adventista desde hace generaciones.

No eres salvo porque estudies en una escuela cristiana o te sientes cada sábado en la iglesia.

La fe de tus padres puede mostrarte el camino.

Sus oraciones pueden acompañarte.

Su ejemplo puede darte valor.

Pero ellos no pueden tomar tu decisión por ti.

Dios no tiene nietos.

Quiere hijos e hijas que confíen personalmente en Él.

En algún momento, la pregunta:

«¿Qué creen mis padres?»

se convierte en la pregunta personal:

«¿En quién confío yo?»

De:

«Mi familia va a la iglesia»

se pasa a:

«¿Quiero yo mismo vivir con Jesús?»

Una tradición tiene que convertirse en una relación personal.

🪓 Una advertencia seria

Juan también habló de un hacha que ya estaba puesta a la raíz de los árboles.

Suena duro.

Pero su advertencia no procedía del odio.

Procedía de la urgencia.

Juan sabía:

El Rey está cerca.

Ahora es el momento de ser sinceros.

Dios no nos deja seguir indefinidamente por caminos equivocados sin advertirnos.

No porque quiera deshacerse de nosotros.

Sino porque el pecado destruye.

Una vida sin Dios no termina en libertad, sino en pérdida.

Por eso Dios nos llama hoy.

No algún día.

Hoy.

Tal vez dices:

«Más adelante me ocuparé seriamente de Dios».

Después de la escuela.

Después de la formación profesional.

Cuando la vida se vuelva más tranquila.

Cuando seas mayor.

Pero nadie sabe cuánto tiempo le queda.

Y, además, te pierdes algo maravilloso cuando siempre dejas a Jesús para más adelante.

No te pierdes solamente deberes religiosos.

Te pierdes paz.

Dirección.

Perdón.

Una amistad con Aquel que te conoce mejor que nadie.

Jesús no te invita a renunciar a tu vida.

Te invita a descubrir la verdadera vida.

🔍 ¿Qué fruto está creciendo en ti?

Quizá todavía no ves muchos buenos frutos en tu vida.

Tal vez luchas una y otra vez con los mismos errores.

Entonces este texto no debe desanimarte.

Un árbol no produce frutos maduros en un solo día.

El crecimiento necesita tiempo.

Dios es paciente.

Pero un árbol vivo crece.

Quizá lentamente.

Quizá de manera invisible.

Pero algo cambia.

La pregunta decisiva no es:

«¿Ya soy perfecto?»

Sino:

«¿Permito que Jesús me transforme?»

¿Te resistes a Él?

¿O le abres tu corazón?

¿Justificas tus errores?

¿O se los llevas sinceramente?

¿Te comparas con personas que aparentemente actúan peor?

¿O preguntas a Jesús qué quiere transformar en ti?

Esta noche no necesitas construir una fachada religiosa.

Tu querido Papá conoce de todos modos la verdad.

Puedes decir sinceramente:

«En esta área necesito tu ayuda».

Quizá mañana tu fruto de arrepentimiento consista en pedir perdón a alguien.

Tal vez elimines algo que una y otra vez te aleja de Dios.

Quizá decidas no participar más en una conversación que hiere a otros.

Tal vez comiences a pasar cada día unos minutos con Jesús.

No tiene que ser algo espectacular.

El verdadero cambio muchas veces comienza de manera pequeña.

Pero no se queda solamente en palabras.

Adquiere manos.

Pies.

Decisiones.

Y en algún momento se hace visible:

Jesús está transformando esta vida.


💭 Piensa en ello

¿Existe en tu vida de fe una diferencia entre lo que ven los demás y la manera en que realmente vives?

¿Confías quizá en tu familia, tu iglesia o tu bautismo en lugar de estar tú mismo unido diariamente a Jesús?

¿Qué fruto concreto de arrepentimiento quiere Dios hacer crecer ahora mismo en tu vida?


🌟 Impulso para mañana

Elige mañana una acción concreta mediante la cual se haga visible tu relación con Jesús.

Podría ser:

Pides perdón sinceramente.

Ayudas a alguien sin esperar reconocimiento.

Dices la verdad aunque mentir fuera más fácil.

Te apartas de una conversación en la que se habla mal de otras personas.

Pide por la mañana:

«Jesús, deja que hoy crezca en mi vida un fruto de tu amor».


🙏 Oración

Querido Papá,

Tú no ves solamente cómo parece mi vida por fuera. Conoces mi corazón y sabes dónde solamente muestro una buena fachada.

Por favor, perdóname si he confiado en mi origen, en mis conocimientos o en mis costumbres religiosas en lugar de confiar personalmente en Ti.

No quiero solamente llamarme cristiano. Quiero vivir realmente con Jesús.

Transforma mi corazón por medio de tu Espíritu Santo. Haz crecer en mi vida frutos que muestren que te pertenezco: amor, sinceridad, paciencia, bondad, pureza y fidelidad.

Muéstrame un paso concreto que debo dar. Dame valor para no limitarme a pensar en ello, sino para actuar.

Gracias porque no me amas a causa de mis buenos frutos. Ya me amas ahora. Y precisamente tu amor me da la fuerza para permitir que Tú me transformes.

Amén.


🌙 Duerme bien.

No necesitas llevar una fachada religiosa delante de tu querido Papá.

Él conoce tu corazón, te ama y hace crecer algo nuevo en tu vida.

Hasta mañana.