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🌙 ¿Sigues despierto?

Cada noche, un poco más cerca de Jesús.


📅 24 de agosto


🔥 El fuego que purifica


📖 Mateo 3:11–12

«Él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Tiene el aventador en su mano y limpiará su era; recogerá su trigo en el granero, pero quemará la paja con fuego que nunca se apagará».
Mateo 3:11–12


Ayer reflexionamos sobre el hecho de que Juan anunciaba una transformación más profunda que el agua. Jesús desea renovar a las personas desde dentro mediante el Espíritu Santo. Sin embargo, Juan añadió otra palabra que, a primera vista, suena mucho más dura: fuego.

Relacionamos el fuego con el calor, el peligro y la destrucción. Nadie introduciría voluntariamente la mano en una llama. Pero el fuego también puede hacer algo más: revela lo que permanece, separa aquello que no debe estar unido y puede eliminar las impurezas. Precisamente por eso, la imagen que utiliza Juan es tan seria y, al mismo tiempo, tan importante.

Jesús no vino para hacer que nuestra antigua vida fuera solamente un poco más agradable. Él quiere salvarnos, purificarnos y renovarnos. Su amor no dice sencillamente acerca de todo lo que hay en nuestra vida: «Así está bien». Precisamente porque nos ama, desea liberarnos de aquello que nos destruye.


🔥 Un amor que también quiere purificar

A veces imaginamos que el amor debe aceptarlo todo y que nunca puede corregir. Pero el amor verdadero actúa de otra manera. Si un médico descubre algo peligroso, no sería amor guardar silencio solamente para que el paciente se sintiera mejor por un momento. Si unos padres ven que su hijo corre hacia una calle peligrosa, lo llamarán para que regrese. No porque quieran quitarle la libertad, sino porque lo aman.

Jesús también nos ama demasiado como para permitir que el pecado continúe actuando en nuestra vida.

Él ve el orgullo que destruye las relaciones. Ve la envidia que nos llena interiormente de amargura. Ve las mentiras que destruyen la confianza. Ve los hábitos que adquieren cada vez más poder sobre nosotros. Ve la falta de perdón que quizá llevamos con nosotros desde hace años. Y también ve las cosas que ninguna otra persona conoce.

Jesús no revela estas cosas para avergonzarnos. Quiere sacarlas a la luz para que la sanidad sea posible.

A veces oramos: «Jesús, transfórmame». Pero cuando nos muestra lo que debe cambiar, nos resistimos. Deseamos la transformación mientras no nos cueste nada. Sin embargo, Jesús no quiere embellecer solamente la superficie de nuestra vida. Quiere llegar hasta la raíz.


🌾 El trigo y la paja

Inmediatamente después, Juan utiliza una imagen tomada de la agricultura. Tras la cosecha, había que separar el trigo de la paja. Para ello, el grano trillado se lanzaba al aire con un aventador. El viento se llevaba la paja ligera, mientras que los granos más pesados caían al suelo. Finalmente, se recogía el valioso trigo.

Para las personas que escuchaban a Juan, esta imagen era completamente cotidiana. Pero Juan le dio un significado espiritual: un día Jesús mostrará claramente qué es lo que realmente permanece.

Los seres humanos generalmente vemos solo el exterior. Vemos la ropa, la conducta, las palabras y las costumbres religiosas. Podemos formarnos una buena impresión los unos de los otros y, aun así, no saber qué sucede en el corazón. Jesús, en cambio, ve más profundamente. No conoce solamente nuestras acciones, sino también nuestros motivos.

Al principio, esto puede resultar inquietante. Pero también es consolador. Porque Jesús no ve solamente lo malo que las demás personas desconocen. También ve las luchas silenciosas que nadie percibe. Ve cuando eres tentado y, aun así, dices que no. Ve una oración que nadie escucha. Ve cuando ayudas a alguien sin contárselo a nadie. Ve el deseo de tu corazón de seguirlo, aunque todavía tropieces muchas veces.

Delante de Jesús no tenemos que mantener ninguna fachada. Él ya conoce la verdad. Y precisamente con esa verdad podemos acudir a él.


🪞 ¿Qué sale a la luz cuando las cosas se ponen difíciles?

A veces descubrimos lo que realmente hay en nuestro corazón únicamente cuando atravesamos situaciones difíciles. Mientras todo sucede de acuerdo con nuestros deseos, es relativamente fácil ser amables, pacientes y agradecidos. Pero ¿qué ocurre cuando alguien nos trata injustamente? ¿Cuando nos critican? ¿Cuando un plan fracasa? ¿Cuando otra persona recibe aquello que nosotros deseábamos?

Entonces salen a la superficie cosas que quizá estaban ocultas.

De repente advertimos con cuánta rapidez nos enfadamos. Cuán importante es para nosotros la opinión de los demás. Cuánto nos cuesta perdonar. Cuán poca confianza tenemos cuando Dios no actúa como esperábamos.

Estos momentos son desagradables, pero pueden ser valiosos. Porque Jesús puede transformar aquello que sale a la luz.

Quizá alguna vez te hayas asustado por tu propia reacción y hayas pensado: «¿Por qué soy así?» Entonces no tienes que huir de Jesús. Puedes acudir a él precisamente con este descubrimiento y decirle: «Jesús, ahora veo algo en mi corazón que antes no había reconocido. Por favor, transfórmame».

Dios puede utilizar incluso las experiencias difíciles para mostrarnos dónde necesitamos especialmente su poder sanador y transformador.


⚠️ Juan también habló del juicio

Sin embargo, no debemos reducir la imagen del fuego únicamente a la formación personal del carácter. Juan también habló con mucha claridad acerca del juicio venidero. En el versículo siguiente explica que el trigo será recogido, pero la paja será quemada. De este modo dejó claro a sus oyentes que nuestra decisión respecto a Jesús no carece de importancia.

El Nuevo Testamento anuncia a un Salvador, pero también a un Rey y Juez que viene. El mismo Jesús que perdona a las personas, toca a los enfermos y busca a los perdidos eliminará un día definitivamente el pecado y el sufrimiento.

Por lo tanto, el juicio no es el mensaje de un Dios que se complace en destruir a las personas. Es la promesa de que el mal no continuará para siempre. El odio no tendrá la última palabra. La violencia no permanecerá eternamente. La enfermedad, la muerte y la injusticia no continuarán sin fin.

Dios purificará su creación de todo aquello que la destruye.

Pero precisamente porque nuestras decisiones son importantes, Jesús nos llama hoy. El tiempo de gracia es una invitación: «Ven a mí. Déjate salvar. Permíteme renovar tu corazón».


❤️ Jesús quiere salvarte, no deshacerse de ti

Quizá alguien lea las palabras acerca del juicio e inmediatamente sienta temor: «¿Qué sucederá si no soy lo suficientemente bueno? ¿Qué pasará si al final no pertenezco al trigo?»

Entonces es importante mirar a Jesús.

Jesús no vino a este mundo porque las personas ya fueran suficientemente buenas. Si pudiéramos salvarnos a nosotros mismos, él no habría tenido que venir. Vino precisamente porque nosotros no podemos hacerlo.

Por eso, la pregunta decisiva no es: «¿Ya soy perfecto?» La pregunta es: «¿Pertenezco a Jesús?»

Una persona que acude a Jesús no tiene que afirmar que no comete errores. Puede decir: «Jesús, te necesito. Perdóname. Purifícame. Transfórmame».

Jesús no rechaza a quien acude sinceramente a él. Lo acepta y comienza una obra que puede continuar durante toda la vida. No solo perdona nuestro pasado. También quiere liberarnos del poder del pecado.

Por eso no tenemos que huir de él cuando reconocemos nuestros errores. Precisamente entonces podemos correr hacia él.


🧹 ¿Qué puede quitar Jesús de tu vida?

Imagina que quieres limpiar profundamente tu habitación. Mientras limpies solamente las superficies visibles, quizá parezca que todo mejora rápidamente. Pero en algún momento abres un cajón en el que llevas meses metiéndolo todo. De repente queda claro que allí se necesita mucho más trabajo.

Nuestra vida espiritual puede parecerse a esto. Hay áreas que mostramos con gusto a Jesús. Quizá nuestras oraciones, nuestra asistencia a la iglesia o nuestras buenas intenciones. Pero también puede haber «cajones» que preferimos mantener cerrados.

Quizá nadie sepa qué miras en tu teléfono.

Tal vez haya una persona a la que tratas amablemente por fuera, mientras que por dentro estás lleno de amargura.

Quizá te comparas constantemente con los demás.

Tal vez necesitas cada vez más reconocimiento para sentir que tienes valor.

Quizá exista un hábito que desde hace mucho tiempo sabes que te domina.

Jesús no se coloca delante de estas áreas cerradas para decirte: «Si tienes algo así en tu vida, ya no quiero saber nada de ti».

Él dice: «Entrégame también esta área».

La purificación comienza cuando dejamos de escondernos de Dios.


✂️ Algunas cosas realmente deben desaparecer

A veces queremos que Jesús nos transforme sin que tengamos que renunciar a nada. Pero esto no siempre funciona. Cuando algo destruye nuestra vida espiritual, la respuesta no puede consistir simplemente en intentar controlarlo un poco mejor.

Algunas cosas deben terminar.

Quizá esto signifique modificar una relación que te lleva constantemente en una dirección equivocada. Tal vez tengas que eliminar una aplicación que repetidamente se convierte en una tentación. Quizá debas dejar de mirar ciertos contenidos. Tal vez tengas que pedir perdón a alguien o corregir finalmente una mentira.

Estas decisiones pueden doler. Pero la libertad a veces requiere un corte claro.

Jesús no te quita cosas porque disfrute dejando vacía tu vida. Quiere hacer espacio para algo mejor.

Donde desaparece el odio, puede crecer el amor. Donde desaparece la mentira, puede crecer la verdad. Donde desaparece la envidia, puede crecer la gratitud. Donde desaparece la impureza, puede crecer un corazón puro. Donde el egoísmo pierde su dominio, el amor de Jesús puede hacerse visible.

La purificación de Dios no deja simplemente un vacío. Crea espacio para una vida nueva.


🕊️ El Espíritu Santo muestra; Jesús sana

Ayer vimos que el Espíritu Santo actúa en nuestro corazón. Esta obra y la purificación están relacionadas. El Espíritu de Dios nos hace conscientes de las cosas que no concuerdan con Jesús. Pero no hace esto para conducirnos a la desesperanza.

Existe una diferencia importante entre la convicción que viene de Dios y una acusación destructiva.

La acusación dice: «Eres malo. No hay esperanza para ti. Escóndete de Dios».

El Espíritu Santo dice: «Eso estuvo mal. Llévaselo a Jesús. Allí encontrarás perdón y un camino nuevo».

Un pensamiento te aleja de Jesús.

El otro te conduce hacia Jesús.

Por eso, cuando el Espíritu de Dios te muestra algo, no tienes que hundirte en el miedo. Puedes responder: «Gracias por habérmelo mostrado. Jesús, te lo entrego».

Esto es crecimiento espiritual: no consiste en descubrir cada vez menos errores, sino en acudir cada vez más rápidamente a Jesús con ellos.


🌱 La purificación suele producirse paso a paso

Quizá desees que Jesús transforme inmediatamente todo lo que hay en tu vida. A veces Dios concede una liberación sorprendentemente rápida. Sin embargo, con frecuencia trabaja durante un periodo prolongado en nuestro carácter.

La paciencia no crece durante un solo fin de semana. La confianza surge a través de muchas experiencias. El perdón puede ser un proceso. El dominio propio se aprende mediante numerosas decisiones pequeñas.

Esto no significa que podamos justificar el pecado. Significa que no tenemos que desesperarnos si todavía no hemos llegado a la meta.

Quizá hoy veas tus debilidades con mayor claridad que hace un año. Esto incluso puede ser una señal de que te has acercado más a Jesús. Cuanto más intensa es la luz, con mayor claridad vemos también el polvo.

Lo importante es que permitas que Jesús continúe trabajando.

No digas: «Yo soy así».

Di: «Jesús, todavía no soy la persona que debo ser. Pero quiero permitirte que continúes formándome».


🤲 No tienes que purificarte por ti mismo

Quizá aquí se encuentre una de las verdades más importantes para esta noche: no puedes purificar completamente tu corazón por ti mismo.

Puedes tomar decisiones. Puedes evitar las tentaciones. Puedes establecer límites. Puedes confesar tus pecados. Todo esto es importante.

Pero la transformación más profunda viene de Dios.

Una persona puede ser exteriormente muy disciplinada y, aun así, continuar siendo orgullosa por dentro. Puede cumplir muchas reglas y, precisamente por eso, sentirse superior a los demás. Jesús quiere algo más que un control exterior. Quiere renovar el corazón.

Por eso, tu tarea no consiste en limpiarte primero por ti mismo y acudir después a Jesús.

Acudes a Jesús para que él te purifique.

Le dices:

«Aquí está mi corazón. También sus rincones oscuros. También las cosas que me avergüenzan. También aquello que no puedo transformar por mí mismo. Por favor, obra tú en él».

Esto no es debilidad.

Es confianza.


🌙 Una pregunta sincera para esta noche

Quizá la pregunta más importante de hoy no sea: «¿Qué está mal en los demás?»

Es fácil ver la paja en la vida de otras personas. Con frecuencia reconocemos muy rápidamente sus errores, su mala actitud y sus decisiones equivocadas.

Hoy Jesús te invita a no mirar la era de otra persona, sino tu propio corazón.

¿Existe algo que desde hace tiempo sabes que no concuerda con tu vida junto a Jesús?

Quizá lo has justificado una y otra vez.

Tal vez dices: «Tampoco es tan grave».

Quizá esperas que Jesús simplemente pase por alto esa área.

Pero ¿qué sucedería si hoy dejaras de huir?

Podrías decir:

«Jesús, tengo miedo de lo que deba cambiar. Pero confío en ti. Purifica mi corazón».

No tienes que saber cómo lo transformará todo.

Solamente tienes que abrirle la puerta.


💭 Reflexiona

¿Existe algún área de tu vida que hasta ahora no hayas querido mostrarle a Jesús? ¿Cómo reaccionas cuando el Espíritu Santo llama tu atención sobre algo que debe cambiar? ¿Crees que Jesús te muestra algo no para avergonzarte, sino porque te ama y quiere hacerte libre?


🌟 Impulso para mañana

Mañana pídele conscientemente a Jesús: «Muéstrame una cosa que se interponga entre tú y yo». No intentes encontrar inmediatamente diez problemas. Pídele que te muestre un área concreta y disponte a escuchar.

Si tomas conciencia de algo, no lo justifiques ni lo escondas. Entrégaselo a Jesús y pregúntale: «¿Qué paso concreto debo dar hoy?»

Quizá ese paso sea una oración, una disculpa, una decisión o la renuncia a un hábito. Da ese único paso confiando en que Jesús no quiere dejarte vacío, sino hacerte libre.


🙏 Oración

Querido Papá:

Gracias porque me amas tanto que no me abandonas en medio de las cosas que me perjudican y me alejan de ti. Gracias porque Jesús no vino para condenarme y rechazarme, sino para salvarme, purificarme y hacerme nuevo.

Conoces mi corazón mejor que yo mismo. También conoces las áreas que puedo ocultar a las demás personas. Por favor, dame valor para no esconderte nada.

Cuando tu Espíritu Santo me muestre lo que está mal, ayúdame a no huir ni intentar defenderme. Permíteme acudir a Jesús con mi culpa y confiar en su perdón.

Quita de mi vida todo aquello que me separa de ti. Purifica mis pensamientos, mis motivos, mis palabras y mis hábitos. Donde haya orgullo, permite que crezca la humildad. Donde haya envidia, concédeme gratitud. Donde haya amargura, enséñame a perdonar. Donde haya impureza, concédeme un corazón puro.

Y cuando la transformación necesite tiempo, ayúdame a no rendirme. Quiero permitirte que continúes tu obra en mí.

Gracias porque tu purificación nace del amor y porque no quieres destruirme, sino hacerme libre.

Amén.


🌙 Duerme bien.

No tienes que esconderle nada a tu querido Papá. Él conoce todo tu corazón y, precisamente por eso, te invita a entregárselo por completo.

Hasta mañana.